Rajoy, legislatura infernal

LOURDES PÉREZ

Cabe preguntarse por qué madrugada habrá pasado Mariano Rajoy, superviviente de varias tormentas perfectas, tras un escrutinio en Cataluña que ha confirmado los peores presagios para el presidente del Gobierno que forzó las elecciones exprés bajo el paraguas del 155. Aquel inesperado golpe de mano se ha transformado en una pesadilla para el inquilino de la Moncloa, que ve cómo el independentismo reedita su mayoría absoluta con una participación récord; cómo se asoma a la investidura un Carles Puigdemont redivivo al que le espera la Policía en cuanto cruce la frontera; y cómo Ciudadanos ha logrado una victoria sideral, aunque baldía para Inés Arrimadas, a costa de fagocitar los caladeros del PP y vaciar el voto del PSC más reacio a emparentarse con el nacionalismo. Regresa el aroma del cambio: desde ayer, el rival para el bipartidismo español no es Podemos, es Albert Rivera. La fractura catalana, que se enquista, ha removido las coordenadas de la política española obligando a Rajoy, en nombre del Estado, a gestionar la excepcionalidad del 155 hasta que se forme gobierno con la deslegitimación que representa haberse quedado con tres famélicos escaños en el Parlament. El clavo que le queda al líder del PP es que a nadie -y singularmente al PSOE y al PNV con sus hoy valiosos cinco escaños- le interese forzar ahora un cierre acelerado de la legislatura con Ciudadanos tan crecido.

El independentismo se cobró anoche una nueva mayoría que, bajo la coerción de la justicia, se viste con los ropajes de la épica y que le permite continuar enarbolando la bandera de la república como hizo un exultante Puigdemont desde su refugio en Bruselas. Pero la sensación de hazaña, de revancha, tiene su reverso, porque ninguna de las siglas secesionistas ha ganado las elecciones, porque se han quedado por debajo en escaños con respecto a 2015 y porque, sobre todo, siguen sin sobrepasar la barrera -esa otra legitimidad- de la mitad de los votos. Y habrá que ver la recomposición política y sentimental en sus filas, después de que Puigdemont haya pasado por encima de la herencia convergente del PDeCAT, las opciones presidenciables del encarcelado Junqueras y de la CUP.

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