Quinientos amigos

Me estoy estrenando en este loco arte de la socialización mediática con amistades desconocidas y en la sutil y especulativa dinámica de los 'likes'

F. L. CHIVITE

El miércoles pasado, día de la Constitución, a eso de las seis de la tarde, el Gran Bazar Asiático estaba abierto. Fui a comprar brochas y un rollo de papel adherente porque se nos ha ocurrido pintar una habitación para aprovechar tanto día de fiesta. Delante de mí, había una mujer africana con un vistoso pañuelo de colores en la cabeza que estaba comprando cosas de navidad con sus dos hijos. Llevaban un abeto pequeño con adornos y un belén. Habían cogido unas cuantas figuras y las habían puesto en fila sobre el mostrador. La novia del dependiente chino, una europea del este de altos pómulos bastante guapa, tal vez polaca, se pasa las tardes allí. Miró las figuras y con un acento inequívocamente navarro le dijo a la mujer africana: «¿Para qué te vas a llevar el pescador si no tienes río? Déjalo y coge más pastorcicos». Pero la mujer africana le respondió que a sus hijos les había gustado el pescador y que también tenía gracia un pescador sin río. Me fijé que todos estábamos sonriendo y pensé: qué bella historia de navidad, esto lo cuento y ya tengo media columna hecha para el sábado. La verdad es que había pensado hacer un montón de cosas en el puente, pero luego no te da tiempo a nada. Me iba a poner a escribir en serio, iba a leer al menos un par de libros, íbamos a ir al monte, a ver películas y a pintar el cuarto. Cualquier cosa menos viajar, claro. De viajar en estas fechas, nada. Conozco a gente que se iba a Praga a menos diez grados. Otros que se iban a Dublín que también estará a bajo cero. Hala. Otros a Berlín. A Munich. A Viena. No sé qué habrá sido de ellos. Y luego están los que se van a la playa siguiendo los imperativos nacionales. En los informativos no hacen más que contar las penalidades de los pobres viajeros: las esperas, los retrasos, los atascos, las aglomeraciones. Es como todo: cuando se democratiza se convierte en un asco. Así que me alegro de haberme quedado en casa. Pero estos días de invierno se te pasan en la inopia. Al final, resulta que al monte no hemos ido. De escribir: nada de nada. Leer: poco. Y para bien o para mal, me acabo de hacer de Facebook y ando todo el día entrando y saliendo de sus redes. Muchos conocerán Facebook desde hace años. Unos cuantos, seguramente, se habrán aburrido de Facebook y lo habrán dejado. Pero yo me estoy estrenando ahora en este loco arte de la socialización mediática con amigos desconocidos y en la sutil y especulativa dinámica de los 'likes' y los «me gusta tu foto». Todavía no sé cuánto tiempo voy a aguantar activo en Facebook, mostrando mis gustos, añadiendo comentarios y dando likes por aquí y por allá. Ya veremos. Lo que sí me hace alucinar es la cantidad de amigos que he conseguido en poco tiempo: casi cuatrocientos. Ahora tengo que llegar a quinientos antes de fin de año. ¡Uf!

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