Pues vaya

F. J. CHIVITESAN SEBASTIÁN

Con cierta suspicacia no exenta de melancolía otoñal, uno se pregunta hasta qué punto el arranque e impulso del independentismo catalán (hace unos años) y la consiguiente vocación de ir dirigiendo el procés hacia un deliberado choque de trenes ha tenido algo o mucho que ver con la corrupción política. O sea, con el descubrimiento, investigación y juicio de las grandes tramas de cobro de comisiones y financiación ilegal de los partidos en el poder en España y Cataluña. Precisamente, la primera de las famosas diez técnicas de la manipulación mediática denunciadas por el francés Sylvain Timsit, es la estrategia de la distracción, consistente en apartar la atención del público de un tema de gravedad. Y la segunda es la estrategia de crear problemas y provocar crisis sociales para obtener determinados objetivos y obviar otros. Es casi imposible no sospechar. Y no lamentar, por ejemplo, lo manipulables que somos. Lo sencillo que es conducirnos hacia debates identitarios y emocionales. Y sobre todo lo fácil que es hacer que alguna gente se excite levantando una bandera. Hace no mucho pasé una temporada encerrado en el sótano escribiendo definiciones de cosas, y la definición que escribí para la palabra bandera es la siguiente: «Objeto coloreado a veces acompañado de cierta música enfática que se usa como reclamo para atraer masas más o menos dóciles y llevarlas a la guerra tontamente». Soy consciente de que a muchos de mis amigos les hará poca gracia, pero como ya me conocen, espero que no se lo tomen a mal. Se pueden admirar muchas cosas del procés catalán: su pacifismo, su resistencia y tenacidad, su capacidad de organización y movilización (la dedicación incondicional y la unidad de acción que han conseguido en una amplia masa social) y su habilidad para, como decía Madina el otro día, elaborar su relato. Menos admirable, claro, me parece su falaz victimismo, la trascendencia que pretenden otorgar a los resultados de un referéndum que fue lo que fue (dejémoslo ahí) y el daño económico y convivencial que se ha perpetrado ya en el seno del pueblo catalán. Por no hablar de su penosa incapacidad para echar el freno a tiempo. Optar al final por un choque de trenes con el Estado es lo mismo que ir a buscar deliberadamente las víctimas. Y eso suena fatal. No obstante, lo peor de todo es que Rajoy se crece en cualquier caso. Y justo en pleno juicio de la Gürtel, además. La fiscal ha escrito en su informe que: «El PP como partido político se benefició de las actividades de la Gürtel». Eso y muchas frases más igual de rotundas e inequívocas. Y sin embargo, resulta que Rajoy puede salir intacto y encima reforzado. Pues vaya. Uno siempre trata de imaginar cómo serían las cosas si el PP no estuviera ahí, pero eso es una ingenuidad porque haga lo que haga siempre está.

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