'Me too... Porquoi pas vous?' Yo sí... ¿Vosotras por qué no?

La igualdad de derechos y oportunidades pasa por el reconocimiento de la diversidad, respeto, y en el ámbito sexual, por el consentimiento. No creo que denunciar abusos de poder sean manifestaciones de puritanismo sexual

'Me too... Porquoi pas vous?' Yo sí... ¿Vosotras por qué no?
MARÍA SILVESTRE CARRERA

El #MeToo se ha convertido en una expresión del rechazo a las agresiones sexuales desde la complicidad de quienes reconocen -al fin- haber sufrido también conductas sexistas, abusos o agresiones sexuales. La pretensión es mostrar que no se trata de casos aislados sino que son la consecuencia de una sociedad desigual en la que el poder -hegemónico y mayoritariamente masculino- se ejerce muchas veces de forma sexista e injusta, cosificando el cuerpo de las mujeres y silenciando la denuncia al depositar la vergüenza y la culpa en la víctima. El #MeToo en las redes sociales ha sido una contundente y extendida respuesta a las denuncias de agresiones sexuales a raíz del caso Weinstein en Estados Unidos. Sin embargo, acaba de recibir una descorazonadora respuesta de la mano de un manifiesto o declaración firmada por varias artistas francesas que lo tildan de puritanismo sexual.

Reconozco que la noticia me sorprendió y no terminaba de entender cómo podían ir en la misma frase las denuncias de agresiones sexuales y el puritanismo sexual. El manifiesto francés trata de ser un ensalzamiento de la libertad, sobre todo de la libertad artística y creativa, libre de censuras y de cortapisas dictadas por convencionalismos y discursos políticamente correctos. Sin embargo, la respuesta social #MeToo no es coartadora de ninguna libertad, tan solo limita la impunidad de los agresores, que han estado protegidos por el silencio cómplice de una cultura patriarcal que ha tratado de minimizar y normalizar la valoración de las mujeres como objetos ajenos de humanidad, a libre disposición de la mirada ajena, del tocamiento y de la valoración sojuzgadora.

El manifiesto menciona diversos hechos y los interrelaciona mezclando lógicas interpretativas.

Afirma que «el coqueteo insistente o torpe no es un crimen», pero lo define como acciones de hombres que «solo se equivocaron al tocar una rodilla, tratar de robar un beso, hablar sobre cosas 'íntimas' en una cena de negocios, o enviar mensajes sexualmente explícitos a una mujer que no se sintió atraída por el otro». Las artistas francesas se olvidan de reflexionar sobre las causas de la reiterada equivocación que, de hecho, se fundamenta en pasar por alto la expresión del consentimiento y en presuponer que la mujer debería recibir dichos actos como muestras de halago y reconocimiento. En estos casos creo que la estrategia de 'la mirada invertida' de la artista feminista británica Margaret Harrison nos sirve como mecanismo para descartar cualquier sentido a comportamientos que no lo tienen. Imaginemos a una mujer tocando la rodilla de un compañero de trabajo, tratando de robarle un beso en la boca o mandándole emails salidos de tono... seguro que ya no nos parece tan 'normal', seguro que ni siquiera nos parece una ingenua equivocación, sino más bien un comportamiento irrespetuoso que desacredita a la mujer que lo lleva a cabo.

El puritanismo sexual y el totalitarismo se relacionan con la vivencia del #MeToo como una exigencia de autoinculpación dirigida a los hombres. No considero que sea un problema de construir patrones sexistas de comportamiento, visibilizarlos y censurarlos, más bien me parece un ejercicio liberador. Es significativa la mención que hacen de lo que consideran una negativa incursión en la esfera privada, cuando de hecho, es necesaria una redefinición del espacio público, tal y como propone Carol Pateman en 'El contrato sexual', un nuevo concepto de democracia que repiense la división entre el ámbito público y el privado. Insistir en la distinción entre lo propio de lo público y lo propio de lo privado perpetúa roles de género y ámbitos jerárquicos en la distribución y ejercicio del poder.

Es una pena que estas mujeres caigan en el tópico de tachar de puritanas a las feministas y de banalizar la violencia. Quizá habría sido más entendible que lo propusieran hombres que se sintieran cuestionados por la amplia respuesta social del «#YoTambién», puesto que no es fácil sentirse señalado y tener que desnaturalizar algunas actitudes y expresiones que se han aprendido como normales. Las actrices norteamericanas vestidas de negro en la entrega de los Globos de Oro, con discursos reivindicativos son incómodas para muchas personas, pero esa incomodidad es la que remueve conciencias y la que impulsa acciones de repulsa y de denuncia de otras muchas mujeres que han tenido miedo o han sentido vergüenza o culpa. Me sorprende que haya mujeres incómodas ante este empoderamiento y que lo consideren victimismo.

La igualdad de derechos y de oportunidades para mujeres y hombres pasa por el reconocimiento de la diversidad, por el respeto y, en el ámbito sexual, por el consentimiento. No creo que exigir consentimiento y denunciar abusos de poder sean manifestaciones de puritanismo sexual. Quizá sea momento de recordar a las artistas francesas que, siendo Francia cuna de la Ilustración y germen de la libertad, la igualdad y la fraternidad, Tocqueville descubrió la 'Democracia en América', Marcela Lagarde rescató la sororidad frente a la fraternidad y mi querida y añorada Kate Millet nos dijo ya hace tiempo que «lo personal es político». El puritanismo es otra cosa señoras artistas francesas, pourquoi pas vous? #MeToo #YoTambién.

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