Política y sentimiento

Política y sentimiento
JOSÉ LUIS GÓMEZ LLANOS SOCIÓLOGO

La vida política despierta sentimientos y pasiones, amores y odios. En todas las épocas los historiadores, filósofos, y psicólogos, etc. se han preguntado acerca de las devociones a los jefes adulados o la furia de los rebeldes. Sin embargo hoy en las ciencias sociales, los afectos políticos de las desazones más inconfesables del alma tienden a ser vistas como dimensiones secundarias, como consecuencias del cambio, y no como fenómenos para ser comprendidos y estudiados.

La política, dijo De Gaulle, no es más que sentimiento. Que verdad es que para elegir un candidato la mayoría de las personas no procede por una construcción lógica -análisis del programa, evaluación de los resultados- sino por una elección instintiva, nos gusta o no nos gusta, o bien votamos por fulano, no por afecto por sus ideas o su persona, sino por el rechazo de su competidor.

Más aun ocurre en los conflictos internos a los partidos políticos. Las pugnas partidistas internas son un banco de análisis inmejorable de esta cuestión. Si observamos bien nunca las discrepancias son explicitadas de tal modo que los profanos (la mayoría de los militantes) los que no estamos directamente implicados podamos comprender con el mínimo discernimiento lo que propugna cada cual. Todo es líquido, impresionismo narrativo que poco tiene que ver con relatos tangibles y campa a sus anchas un lenguaje con la apariencia de la ley que le hace un pulso a la retórica de los sentimientos, convencidos de que la tropa siempre adhiere compasivamente a las consignas con la fe del poseído.

¿Qué otra cosa, puede estar pasando, que no sea del orden de los afectos /desafectos en esas pugnas internas a los partidos políticos que vemos en nuestro alrededor, por lo menos en las formas de plantear los dilemas que se les presentan? ¿Si se sabe que en la confrontación interna todos pierden cara al exterior, porqué estas persisten por momentos hasta la extenuación'? Una economía política de los sentimientos podría reunir los elementos para una antropología de la democracia que es lo que principalmente nos falta para entender la simpatía y gentileza democrática que nos rodea e interpela. Ese concepto de pasión reflexiva tan necesaria nos conduciría a la reflexividad contemporánea que nos ayude a entender muchos fenómenos que a toda vista nos superan y que tienen que ver con las formas de sentir en los flujos sensoriales de las sociedades occidentales contemporáneas. Revisitar la cara del odio, el odio sin rostro de la política, ese fanatismo, así como la resistencia como pasión política y moral; sus ambivalencias, la sensación de indiferencia que genera, así como la pérdida del significado cultural de la confrontación política , el odio como una fuerza formativa en el campo simbólico, etc.

Cuando uno se digna recordar a Adam Smith, es en tanto que autor de la 'Encuesta sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones', el ensayo fundador del liberalismo económico. Pero él, al igual que sus contemporáneos, pensó que su gran libro era 'La Teoría de los sentimientos morales' (1759). La prueba es que nunca dejó de corregirlo hasta el final de su vida. Antes de aventurarse en el campo de la economía, quería asegurarse una sólida base antropológica.

El punto de partida de esta gran investigación sobre la virtud estaba contenido en dos preguntas: ¿Cuál es el sentimiento detrás de tal acción? ¿Qué es lo que merece aprobación? Smith pensó que era posible basar una moralidad en el análisis de las pasiones. Según el, la compasión, la simpatía, la compasión formaban parte de la naturaleza humana. Y como somos seres dotados de imaginación, nos proyectamos espontáneamente en el otro, sentimos sus dolores, participamos de sus penas.

Ahora bien, existe una tendencia espontánea en el ser humano de buscar la aprobación de sus semejantes, por lo que no solo desea ser amado, sino también ser amable. De ahí la idea de que cada ser humano es tan imaginario de control lo que Smith llama «espectador imparcial» a la que se tiende, de forma permanente, para justificar nuestras acciones mentales con el fin de recibir la aprobación.

¿Porque no tenemos en cuentas estas consideraciones elementales? Que nadie tenga en cuenta las implicaciones políticas de una mala gestión de nuestro mundo íntimo es el caldo de cultivo por ejemplo de ese amor del jefe pervertido tan extendido en los partidos, como otra metamorfosis del fanatismo, que siempre va acompañada del odio de los diferentes, así como de una oposición obsesiva a la revuelta expresiva -negación de un posible un retorno a la contracultura y sus apuestas- que claro está, quedan desterradas en estas sonoras y estériles refriegas. A un nivel más colectivo esto se traduce por fenómenos de reclamaciones identitarias y aumento de la comunitarización de los individuos, frente a sociedades que experimentan formas de individualismo y narcisismo susceptibles de modificar o incluso de minar profundamente los lazos y sentimientos entre los individuos.

Esa indiferencia que manifestamos con la apariencia de la neutralidad en ristre, que nos conduce a ignorar el límite entre el consentimiento y la resistencia desesperada de nuestros sentimientos, nos conduce directos al desastre. El día que reconozcamos que la política, como actividad humana, tiene una dimensión intrínseca de naturaleza sentimental habremos avanzado muchísimo. No sabe querido lector, cuánto.

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