Los pisos de alquiler tienen quién los defienda. Chillida Leku, no

LUIS ARANBERRI 'AMATIÑO'

Semanas antes de que se enconara el debate sobre el modelo turístico de San Sebastián, el concejal donostiarra Ernesto Gasco declaró que «sería fundamental volver a contar con Chillida Leku como gancho cultural y enseña de la ciudad», para así poder destacar Donostia como destino turístico de referencia. No le faltaba razón. El problema es que Chillida Leku no tiene quién lo defienda. En el fragor de la batalla dialéctica sobre el modelo turístico, las hipotéticas bondades del entorno de Zabalaga no han merecido ninguna línea, ni medio segundo. Seguro que es muy importante regular el alquiler de viviendas más allá del primer piso, pero me gustaría pensar que la defensa de proyectos únicos como Chillida Leku está también en la querencia de los guipuzcoanos en general y de los donostiarras en particular.

No hay duda de que las instituciones, autoridades, partidos, asociaciones sectoriales, agentes socioeconómicos, medios de comunicación y ciudadanos en general saben y sabrán lo que más le conviene a Gipuzkoa, más aún en un momento en el que el debate sobre el modelo turístico adquiere cierta virulencia. Pero sorprende que nadie parezca advertir que Chillida Leku es el último tren estacionado en el caserío de Zabalaga y que si nadie hace nada para mantenerlo, más pronto que tarde, saldrá para no volver nunca.

Chillida Leku es uno de esos trenes que por azar de un cúmulo de hechos y circunstancias imprevisibles llega una vez en la vida a un perdido apeadero y termina marchándose sin que los lugareños muestren siquiera cercanía. Se puede o no discrepar sobre si el proyecto de Eduardo Chillida merece o no tenerlo en cuenta, pero no hay duda alguna de que no habrá nunca una segunda oportunidad. No es el caso del camión de la basura, que se repite hasta la saciedad y nos devuelve al principio de realidades.

No quisiera ser excesivamente perverso, ni meter el dedo en la llaga, pero me temo que a estas alturas no queda otra que zaherir a ver si alguien reacciona. Desde Eibar, a mitad de camino a ninguna parte, uno tiene pocas dudas de que si Chillida Leku estuviera en la estación de Atxuri, el tradicional afán bilbaíno nunca permitiría que el tren abandonara el botxo. Produce una sensación de desánimo y desazón, de no entender nada, el hecho de comprobar la facilidad con la que en San Sebastián se despiertan los agravios comparativos respecto a Bilbao; la excesiva frecuencia con la que surgen resquemores, complejos, celos y comparaciones populistas, y, sin embargo, cuando resulta que Donosti se encuentra en su entorno con algo único en el mundo, 'bat bakarra munduan', que no lo tiene ni lo tendrá nunca Bilbao, se pase olímpicamente de él, sin apenas mostrar el mínimo interés, demostrando palmariamente que el mayor desprecio es no hacer aprecio.

La capacidad de emprendimiento de una sociedad no se mide por la obsesión de compararse al vecino, ni por envidiar lo que otros parecen tener, sino por su responsabilidad para conservar el patrimonio, su iniciativa para ponerlo en valor y su sagacidad a la hora de no perder oportunidades. Chillida Leku es una oportunidad histórica en términos sociales, culturales y turísticos. Si Gipuzkoa no hace nada, lo perderemos irremisiblemente, y me temo que cuando despertemos de nuestra desidia, no nos va a quedar ni el recurso de echarle la culpa a San Mamés.

Chillida y Oteiza fueron dos colosos guipuzcoanos que, con toda seguridad, coincidieron en muchas más cosas de las que discreparon, por mucho que las formas sugirieran otras apreciaciones. Pero, con todo, muy probablemente nunca pudieron llegar a imaginar que coincidirían en el destierro. Por las razones que sean, el museo de Oteiza está en Navarra (Alzuza) y, si nadie lo remedia, Chillida Leku puede terminar errante por el mundo, en la línea profetizada por Iparragirre: «Eman ta zabal zazu munduan frutua». No digo que ello sea malo para el mundo, pero atrevo a sugerir que no es bueno ni para Gipuzkoa ni para San Sebastián. Y espero que, llegado el caso, nadie se lleve las manos a la cabeza cuando sus dueños decidan hacer algo con su patrimonio fuera de nuestras fronteras.

El debate sobre el modelo turístico está al pil-pil. Puestos a querer entender los intereses y posiciones de todos y todas, estoy dispuesto a admitir que cuestiones relativas a si los segundos pisos se pueden o no disponer como viviendas de alquiler, sean tan importantes como la continuidad o no de Chillida Leku en Zabalaga. Pero me temo que, en igualdad de condiciones, los pisos están en el corazón del debate y tienen quién los defienda. Por el contrario, Chillida Leku ni tiene quién lo defienda, ni está en el debate, ni en el corazón de nadie.

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