Con la patria hemos topado

Los nacionalismos europeos actuales no aportan una convivencia de mayor democracia y libertad. La patria debe #ser un lugar donde no exista discriminación por el origen

Con la patria hemos topado
JOSÉ MARÍA SALBIDEGOITIA ARANA

Uno de los fenómenos producidos en las últimas décadas que contribuye a entender el comportamiento de los nacionalismos es la llamada ‘transferencia de la sacralidad’. Y aunque el nuevo gran Dios es, sin duda, el dinero, una parte importante de lo sagrado se ha ido trasladando de Dios al pueblo, y por tanto, de la Iglesia a la patria. Los nacionalistas, en muchas ocasiones, parecen guiarse por el bíblico «Mi Reino no es de este mundo».

Al escuchar a las élites nacionalistas me parece ver a alguien que transciende, que se sitúa en lo sagrado, y entonces hay poco margen para la razón humana. La patria es un sentimiento que solo lo pueden entender los que lo sienten, los demás, ni lo entienden ni lo pueden entender. Transformando la patria en cuestión sagrada, no necesita mucha racionalización, basta con justificar esa fe, y para ello se confecciona una inmunerable lista de agravios.

Para transcender y situarse en otro plano, en otra realidad y creérsela, son necesarias las letanías, tautologías, reiteraciones, bucles, pensamientos circulares, etc, todo ello, de forma permanente, constante, sin desaliento, y siempre desde la misma perspectiva y finalidad, guiado por la emoción, la pasión y el sentimiento, y con derecho a liberarse de todos los males de los malvados y recuperar un futuro feliz (Oriol Junqueras: «Que el bien derrote al mal»).

Pero lo sagrado no existe sin lo profano. Para que exista lo sublime, lo bueno, etc, tiene que existir lo asqueroso, lo malo. Lo sagrado piensa que es superior a lo profano, y se cree investido de poderes superiores, tiene la razón y los profanos se la deben aceptar. Para transformar la patria en cuestión sagrada es necesario un proceso donde se justifique esa fe, y lo mejor para lograrlo es recitar una interminable lista de agravios a combatir. Agravios míticos, históricos, revividos, medias verdades, medias mentiras, etc, lo importante es que todo el mundo crea que esos agravios solo se puedan superar por la independencia. A la patria y a sus integrantes al tener objetivos sagrados se les agravia, se les hiere en sus sentimientos, sufren por su transcendencia, etc. Y creen que lo profano al tener sentimientos bastardos (fachas), debe respetar los sagrados sentimientos de los que defienden valores superiores y más transcendentales (la independiencia como libertad absoluta).

La patria sagrada impone deberes, tales como hacer todo lo posible por superar los agravios. Aunque también impone prohibiciones y tabúes, tales como rechazar siglos de convivencia, no poder sentirse español y catalán a la vez, decir lo que debes sentir, amar, odiar, lo que te produzca asco, etc. Lo sagrado exige un comportamiento de firmeza y rectitud, así como apostolado, compromiso a convencer «a quienes tienen dudas», declarar «non gratos» a los profanos. El dios pueblo es quien nos da los derechos, bien por la historia, por la lengua, por la voluntad política, etc, porque somos una nación, un pueblo, una identidad, etc, y por serlo tenemos derecho a decidir tener un Estado propio. Lo sagrado es innegociable.

Por tanto, parece lógico que un pueblo divinizado no tiene por qué someterse a las leyes profanas ya que se rige por leyes divinas, que son superiores, tienen otra legitimación y por ello distinguen entre lo justo de las leyes sagradas y lo legal, propio de las leyes profanas (obispo de Solsona). Aunque para los profanos la justicia debe basarse en la ley, para no caer en la arbitrariedad. Lo sagrado debe ser interpretado y por ello los intérpretes dicen obedecer solo lo que les dice el pueblo sacralizado.

En mi opinión, lo que va a diferenciar las distintas posturas ante la patria es el tratamiento de esa sacralidad, ya sea al modo integrista o al modo más liberal. Si la patria es la única verdadera y hay una comunidad elegida con una misión sagrada, los que no estén por la labor serán declarados herejes, deberán ser expulsados, rompiendo incluso vínculos tan fuertes como los familiares, de amistad, juego, trabajo, escolares, etc. Si unos se creen los elegidos, la comunidad ‘de verdad’, es porque creen que hay otros que les estorban y que son ciudadanos de segunda. Hay ángeles y demonios, buenos y malos, unos regidos por el amor y otros por el odio y la envidia, con una intransigencia incomprensible.

Todo esto ha ocurrido y ocurre hoy, y es un grave problema para la convivencia democrática por lo que merece la pena intentar buscar soluciones. La patria debe desacralizarse saliendo de la dicotomía sagrado-profano y convertirse en el lugar donde lo principal sea que todos los ciudadanos por igual disfrutemos de derechos y libertades. Es decir, un lugar donde las personas convivamos guiadas por los valores de la tolerancia, la libertad de identidad, la lealtad a las normas, la igualdad de derechos, la solidaridad, y la pluralidad. Un lugar donde no exista discriminación por el origen, ni personas auténticas y de segunda, donde en vez de agravios haya cuestiones a solucionar.

Pienso que hoy los nacionalismos son movimientos políticos que reaccionan ante cambios internos de su propia sociedad la cual se ha convertido ya en mucho más abierta, plural, liberal y democrática de lo que están dispuestos a admitir. Los nacionalismos europeos actuales no aportan una convivencia de mayor democracia y libertad. Por ello habrá que decir: con la Patria hemos topado.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos