¿Qué va a pasar con Cataluña? Una opinión particular

LUIS GURUTXAGA

Hace dos o tres semanas, hablaba yo con una antigua compañera de trabajo, persona muy querida para mí. Una de esas personas que se sienten a la vez y sin ningún problema españolas y vascas. Me decía muy en serio que estaba muy preocupada por los continuos sobresaltos que se estaban produciendo en el asunto de Cataluña y que tenía miedo de que todo esto se les vaya de la mano a los políticos y de que se puedan producir, al menos en algunas partes, situaciones de una cierta violencia. Mi amiga me ponía como ejemplo un caso ocurrido en Valencia, donde tiene una hija estudiando.

Yo trataba de tranquilizarla. Le decía que usara la cabeza y que se diera cuenta de que estamos ante una ‘guerra’ dialéctica. Y que, en ningún caso, va a pasar de ahí por más que tensen la cuerda, porque no le interesa a ninguna de las dos partes en conflicto; en algún momento, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, cesarán en sus hostilidades por la cuenta que les trae. En ese punto, le auguraba que ni iba a haber República de Catalunya ni el Gobierno central se iba a extralimitar con medidas absurdas; y mucho menos en la línea que las anunciaba (Rajoy como nuevo ‘Molt Honorable de la Generalitat’ convocando elecciones, ‘toma’ de TV3 para recuperar “la neutralidad”, etc.). Es cierto que no pensaba, por las razones que luego expondré, que Rajoy fuera a llamar a votar en Cataluña, tal y como insistentemente le pedía Ciudadanos.

Le añadía a mi amiga que para que este tema se les vaya de las manos sería necesario que se les «vaya la pinza» de forma simultánea a no menos de tres personas concretas. Es verdad de que no es difícil que, a una persona, por sensata que parezca, le ocurra eso en un momento dado. Pero que les suceda a tres personas y, además, a la vez es en términos de probabilidad tan complicado al menos como que a uno le toque dos años seguidos el Gordo de Navidad sin cambiar de número; cosa que ni el mismísimo Carlos Fabra conseguiría.

Le decía también que, si toda esta situación de tensión deriva inicialmente de una reclamación del Govern relativa a su insuficiente financiación, que, a su vez, provoca un aumento importante de su endeudamiento para poder ofrecer a los catalanes los servicios públicos con los mismos estándares de calidad, al menos, que el resto de comunidades de régimen común, lo lógico es que ese tema se aborde en serio y, de una vez por todas, por las partes implicadas. Y que se llegue a un acuerdo justo y satisfactorio para las partes sabiendo que no es fácil, porque hay comunidades que se van a resistir como gato panza arriba a que eso afecte a su propia financiación. Además, creo que, en el fondo, sí existe un cierto consenso en las fuerzas políticas sobre la insuficiente financiación de Cataluña.

Como creo que, a 12 o 18 meses vista, tendremos un nuevo sistema de financiación para aquella comunidad y estarán enterrados por algún tiempo los planteamientos independentistas. En el corto plazo, el resultado de las elecciones catalanas va a ser clave en el devenir de los acontecimientos y en el tira y afloja de las dos partes fundamentales del conflicto (Gobierno y Govern). En todo esto hay una cosa que no me cuadra: la posibilidad de que unas elecciones convocadas por Rajoy acaben siendo ganadas con mayoría en el Parlament por los independentistas y, lo que es todavía peor para el presidente del Gobierno, que esa mayoría sea más holgada que la actual. Es bastante probable que eso pueda pasar aunque estamos todavía a mes y medio de los comicios, un período temporal muy grande como para hacer vaticinios fiables.

Mi amiga me respondía que, como forma de arreglar los problemas, ya se va a constituir un grupo de expertos para afrontar la reforma de la Constitución. Pero yo le rebatía con que el tema de la financiación es urgente y que, por tanto, no puede esperar a una nueva Constitución, que, como poco, llevará dos años o más para su aprobación. Además, si lo hacen bien, la nueva Constitución debe servir para modernizar España con un nuevo modelo de articulación de su sistema territorial que satisfaga a casi todo el mundo (a los ‘centralistas puros’ va a ser difícil) y que valga, al menos, para vivir en una relativa paz los próximos 10 o 15 años, cuando nuevas problemáticas se susciten y puedan afectar al sistema de convivencia. Pero todo esto les tocará dilucidar a las nuevas generaciones.

Así mismo, le decía que otra consecuencia de todo esto es que cada una de las partes en conflicto se va a encontrar, cuando lleguen a un acuerdo, con muchos de los suyos en contra: unos por no haber alcanzado la independencia y otros porque, entre otras cosas, se admita que la solución pasa por una mejor financiación para Cataluña. Pero ese es el precio de cualquier acuerdo importante que contribuya a la ‘pax’ del país, y no hay que descartar que todo esto provoque elecciones generales anticipadas (las autonómicas ya se han convocado). Precisamente, para eso están las elecciones, que pueden servir para contribuir a que se llegue a una situación de mayor sosiego. Espero que en el medio plazo, la tranquilidad le llegue a mi amiga y a muchos ciudadanos que están esperando algo más de sus representantes políticos. Así que buena suerte eta ondo segi.

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