La Parte Vieja donostiarra, conjunto monumental

ALBERTO FERNÁNDEZ D' ÁRLAS ÁNCORA (ASOCIACIÓN PARA LA CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO DE DONOSTIA)

Pocas veces se presenta la oportunidad histórica de proyectar una ciudad entera, edificándola desde los cimientos. Los donostiarras, cuya población fue dramáticamente arrasada en la Guerra de la Independencia, se vieron forzados a acometer esa colosal tarea, hace ahora dos siglos. La empresa era excepcional, resultando un casco urbano homogéneo que constituye una realización singular en el contexto de la historia europea. El principal artífice y director de la reconstrucción era plenamente consciente del reto planteado, cuando afirmó que «las ciudades se hacen una vez para miles de años y si se yerra en la ejecución, no tiene remedio». Pedro Manuel de Ugartemendía condujo las obras con ejemplar sentido del deber, clarividencia y tesón. Diseñó la actual Plaza de la Constitución y consiguió atraer a su maestro Silvestre Pérez -catedrático en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando-, para trazar el edificio más representativo de la nueva urbe: su Casa Consistorial.

En su condición de arquitecto municipal, Ugartemendía impuso unas reglas de ornato y regularidad en la composición, ejerciendo un control estricto en cuanto a materiales y sistemas constructivos que aplicó también a su propia vivienda, en la calle Narrica 27. Este esfuerzo uniformador, plasmado con profundo espíritu cívico, constituye una parte fundamental de su legado. Consiguió imprimir un sello característico a la ciudad, que preludia el éxito de los ensanches posteriores. Los edificios de la Parte Vieja, construidos en el espacio aproximado de unos 40 años, derivan de los ideales ilustrados y reflejan la transición hacia la arquitectura neoclásica isabelina, dentro de una coherencia formal admirable. El recorrido por sus calles, trazadas sobre el viario anterior al incendio, ofrece ejemplos de superación de innumerables dificultades prácticas. Encierra una lección perdurable de urbanismo, al lograr un interesante equilibrio entre modernización y respeto hacia la memoria local, donde el afán democratizador e igualitario trató siempre de sobreponerse por encima de los intereses particulares.

De entre los cascos históricos de Euskadi, probablemente San Sebastián destaque por ser el que más claramente responde a un planteamiento global o de conjunto. El muelle integra una unidad inseparable, vinculada a la ciudad antigua desde su fundación. Con la declaración de Conjunto Monumental no se busca añadir nuevas restricciones o servidumbres sobre las ya existentes, ni mucho menos 'congelar' la ciudad, impidiendo la concesión de licencias urbanísticas. Se trata más bien de adaptar el planeamiento en este sector histórico mediante una regulación clara y adecuada a la conservación de sus valores culturales.

La Parte Vieja y el muelle son la meca predilecta de los visitantes y el escenario habitual de las tradiciones festivas, donde se concentra una mayor intensidad simbólica e identitaria. El reconocimiento administrativo de sus valores culturales, a través de la declaración de Conjunto Monumental permitirá corregir dinámicas poco adecuadas, derivadas de su consideración como Área de Rehabilitación Integrada en los años 90. En este tiempo hemos asistido a la desaparición de la actividad pesquera; la supresión de los mercados tradicionales; la demolición de edificios enteros con proliferación de levantes en su perímetro exterior (Calle Mari y números pares del Boulevard); la multiplicación de franquicias y apartamentos turísticos; los vaciados sistemáticos; la sustitución de portales antiguos o la alteración en el color original de algunas fachadas. Nuestra ciudad histórica merecía esta nueva calificación, un impulso positivo y reiteradamente solicitado. El anuncio de su inminente protección mediante decreto autonómico constituye una excelente noticia, que se produce en el contexto del Año Europeo del Patrimonio Cultural. Zorionak, Donostia!

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