PARADOJAS

FELIPE JUARISTI
FELIPE JUARISTI

Siento la delicada delicia de los últimos días de agosto, que pasan sin la servidumbre de la necesidad y del trabajo obligado. Espero que vuelvan otros, más esbeltos, con el olor del otoño atado a su piel y a su pelo, que vuelvan las aguas a su cauce húmedo, las arenas a la playa desierta, el viento a su refugio, el dolor a su ventrículo y el recuerdo del mar al pensamiento. Porque siempre hay algo o alguien que no regresa, que se demora en el camino, se pierde intentando buscar algún atajo o, simplemente, se va para no volver. Llamadlo Muerte. A veces, esperar es algo más que un gesto displicente, una pose contemplativa, un ademán sin consecuencias; es una forma de ser, de batallar por la existencia. Esperar es darle a la humanidad la oportunidad de que enseñe su cara amable y tierna, a que la luz confirme su presencia, sin necesidad de trucos y sombras. El recuerdo nos vive, y vivimos en el recuerdo iluminado.

Todo se nos ha dado y poco hemos aprovechado. Se nos ha dado la vida, sin pedirla siquiera, sin desearla, y muchos la han malgastado en inútiles querencias y disputas. Se nos ha dado el tiempo y muchos le han dejado escapar, de tanto aferrarse al presente, que no es sino su máscara. Hay quien no quiere darse cuenta de que lo que hacemos, bueno o malo, es patrimonio de la humanidad secular, herencia de las generaciones futuras y por venir. No les importa, creen que la vida es lo que ellos conforman y, sobre todo, piensan que sin ellos la vida no sería nada, se convertiría en un espeso líquido insoluble en algo que no sea su propio cuerpo. Andan por el mundo como si éste les debiera algo por el simple hecho de ser quienes son. Nos imprecan, para hacerse notar, para dar cuenta de que están ahí y les debemos afecto, cuando no sumisión. Buscan el poder y la notoriedad, sobre todo. Y cuanto más hablan de tolerancia menos la toleran.

La libertad nada es, si no está sostenida por la fuerza y la igualdad. Y la fuerza deja de ser útil, si no se basa en la cordura, inteligencia y moderación. El dilema en las sociedades actuales no está entre seguridad y libertad. La libertad tiene que ser segura, o ya no es; entonces se convierte en esclavitud. La seguridad, si no fortalece la libertad, se convierte en tiranía. No hay más, se mire por donde se mire. Lo demás es literatura. Se canta lo que se carece, se añora lo que se tuvo y se espera lo inesperado. Pero hay quien prefiere las cadenas. Paradojas.

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