Los 'papeles del paraíso'

DANIEL REBOREDOHistoriador y analista político Los ‘papeles del Paraíso’

Cada cierto tiempo sale a la luz un nuevo caso de inversiones de ingentes cantidades de dinero en centros financieros offshore, lo que coloquialmente denominamos ‘paraísos fiscales’. La última filtración, denominada ‘Paradise Papers’ (13,4 millones de documentos financieros), ha dejado al descubierto, una vez más, cómo los más ricos dan ejemplo a los más desfavorecidos. Al igual que ocurrió en abril del pasado año con los ‘Papeles de Panamá’, los documentos filtrados fueron obtenidos por la prensa, en este caso por el periódico alemán ‘Süddeutsche Zeitung’, y al igual que entonces el Consorcio internacional de Periodistas de Investigación supervisa la indagación. El mismo procedimiento para una misma conclusión. Las revelaciones sacaron a la luz solo una pequeña parte de los datos que manifiestan los «arreglos fiscales y financieros» de cientos de personas y compañías, muchas de las cuales tienen una clara vinculación con Reino Unido. Fundaciones, fideicomisos, ‘empresas fantasma’ y triangulaciones económicas, etc. protegen el dinero de políticos, empresarios, funcionarios, delincuentes, personalidades del deporte y del mundo del espectáculo y ahora también de una monarca, Isabel II, que ha invertido parte de su capital en fondos en las Islas Caimán y Bermuda. Nada ilegal en principio como manifiestan la mayoría de los implicados.

La reacción de los diferentes gobiernos, autoridades y partícipes es, una vez más, una conjugación de futilidad pueril y cinismo a espuertas. Se investigará en las dependencias fiscales de los países en los que residen los propietarios de los fondos trasvasados y de las compañías con pintas; son calumnias, no son actividades ilícitas ni delictivas, etc. son las respuestas que volvemos a oír en estos momentos. Las filtraciones del caso exponen las prácticas regulares de numerosos integrantes de las élites mundiales, de sus familiares y colaboradores, así como la sorprendente permisividad de unos sistemas financieros internacionales que parecen diseñados para permitir los flujos dudosos de grandes capitales, más que para controlarlos y detectarlos de vez en cuando para lavar conciencias y la fachada del propio sistema. Volvemos a tener delante de nuestras narices las prácticas impresentables de individuos que por su posición política, económica o social debieran ser ejemplo de integridad y transparencia, la vehemente colaboración de buena parte de la banca comercial en operaciones financieras dudosas y una muestra irritante de cinismo político y empresarial a las revelaciones de los medios.

Por encima de las abrumadoras cifras, nombres y datos, lo que conmociona de esta trama es su dimensión global, la incapacidad del sistema y la inexistencia de una voluntad política decidida que ponga fin a la lacra de la evasión y elusión fiscal a través de los paraísos fiscales. Se hace imprescindible en estos momentos recordar que casi 8 billones de dólares de fortunas individuales se ocultan en los citados paraísos, que las cincuenta empresas más importantes de EE UU esconden en ellos 1,6 billones de dólares, que los grandes bancos europeos ganan en éstos unos 25.000 millones de euros (26% de sus beneficios), que según la OCDE su volumen sobrepasa los 250.000 millones de dólares anuales, que el 12% del PIB español está depositado en los mismos (unos 140.000 millones de euros) y, fundamentalmente, que todo ello influye muy negativamente en los servicios públicos. El bienestar social, la educación, la sanidad, la seguridad, los servicios ambientales se financian con impuestos que favorecen el desarrollo de los países y el futuro de sus ciudadanos. El dinero que desaparece de esta forma es un robo que impide luchar contra la pobreza y la desigualdad. La exacerbada concentración de la riqueza oculta en los paraísos fiscales genera este escenario preocupante en un mundo cada vez más desigual.

La contienda contra el margen tenebroso del sistema financiero mundial, identificado con los paraísos fiscales, exige acciones que ni la OCDE, ni el FMI, ni el G7, el G20 ni los gobiernos están dispuestos a dar. Nuestros dirigentes económicos y legislativos han hecho leyes que facilitan la creación de empresas opacas impunes y que amparan la falta de transparencia financiera. De ahí que seamos escépticos respecto al resultado de medidas como el Acuerdo de Berlín, que será operativo en 2018.El sistema neoliberal en el que vivimos se encuentra en su fase decadente y no dudará en llevarse todo por delante si así consigue prolongar su supervivencia, después de que ha constatado su incapacidad de encarnar en estos momentos cualquier idea de redistribución, equilibrio social y progreso. El mundo funcionaría mejor y sería más justo si se eliminaran los paraísos fiscales. Esto lo sabemos todos, como también sabemos que las élites económicas y políticas no quieren pagar impuestos ni sufragar el erario público. Claro que igual debemos comenzar a pensar que la verdadera iniquidad maligna, lóbrega y tenebrosa, y la metástasis cancerígena que encarnan reside en un sistema cuyas principales fuerzas se mueven en la sombra. Por eso, al igual que con los ‘papeles de Panamá’, la reciente y paradisíaca filtración finalizará con engreídos y fatuos testimonios políticos sobre la necesidad de actuar de forma urgente y con la inmolación de algunos de los personajes descubiertos. Así hasta la siguiente.

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