Palestina, la hora de Europa

CARLOS LARRÍNAGAHistoriador

El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte de la Administración Trump y el traslado de su embajada desde Tel Aviv están ahondando progresivamente las posiciones internacionales respecto del conflicto palestino-israelí. No solo todos los países musulmanes han mostrado su rechazo, sino que a los pocos días fue aprobada una resolución en la Asamblea General de la ONU que declaraba «nula y fallida» dicha decisión. La brecha entre EE UU y la mayor parte del resto del mundo es cada vez más profunda. Me interesa destacar la perspectiva europea. Ya que la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Seguridad, Federica Mogherini, ha mostrado su total disconformidad. Así se lo manifestó a Netanyahu el 11 de diciembre en Bruselas. Incluso en su reunión con los ministros de Exteriores de la UE, el secretario de Estado británico para Europa, Alan Duncan, le recordó una obviedad: que Jerusalén Este no forma parte de Israel, como se recoge en el Derecho Internacional y en todos los documentos de la ONU.

La postura de la Casa Blanca ha provocado que la Autoridad Nacional Palestina rechace desde ya a EE UU como actor neutral. Washington nunca ha mantenido una postura equidistante, sino siempre proclive a Israel. Sin embargo, la política de Trump ha traspasado todas las líneas rojas. Fruto de ella ha sido que Mahmud Abás no recibiera al vicepresidente estadounidense, Mike Pence, en su viaje a Tierra Santa. Al contrario, coincidiendo con la visita, el líder palestino se presentó en Bruselas para recabar el respaldo de la UE e instar al reconocimiento de Palestina como estado independiente. Algo que ya han hecho algunos países socios como Malta, Chipre, Chequia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Polonia, y Suecia, que lo llevó a cabo en 2014. Por el momento este proceso está estancado, si bien los parlamentos de Reino Unido, Francia, España, Irlanda, Portugal, Bélgica, Italia, Luxemburgo y Grecia tienen solicitado a sus ejecutivos que den el paso.

Abás no se fue de vacío tras su viaje a las instituciones comunitarias. A instancias del ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, se planteó un posible acuerdo de asociación con Palestina, como el de la UE con Israel, que supondría la consideración explícita de Palestina como país independiente. La potencialidad de un convenio así es enorme y una vía que merece la pena explorar. El 31 de enero Mogherini anunció un nuevo paquete de ayudas a Palestina por 42,5 millones de euros, de los que, 14,9 se destinarán a Jerusalén Este para preservar su carácter palestino y paliar la pobreza. Los mandatarios europeos insisten en reconocer esa parte de la ciudad como capital de Palestina. La noticia no fue casual, se produjo pocos días después de la intervención de Trump en Davos, donde dio por cerrado el tema de Jerusalén y amenazó con suspender toda la ayuda económica a los palestinos. Washington ya recortó a final de año los fondos de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos. Volviendo a su matonismo, advirtió de la probabilidad de cerrar por completo el grifo si rechazaban la negociación. ¿De qué negociación habla? No hay ningún plan sobre la mesa y el último, el de Kerry, secretario de Estado con Obama, fue hecho saltar por los aires por Israel en 2014.

Por estas razones,, Bruselas debería tomar la iniciativa. El EE UU de Trump no es de fiar y su inclinación hacia Israel es evidente. Es necesario que la voz de la UE se escuche alta y clara. Este problema tiene en parte sus orígenes en la política de las potencias europeas desde finales del XIX. Muchas han tenido y tienen grandes intereses en la zona, por lo que sería de agradecer su mayor implicación. Con Theresa May con un pie fuera de la UE y quizás de su gobierno y una Merkel debilitada por la negociación con el SPD, se me antoja Macron como único presumible impulsor de este supuesto. Ambicioso y atrevido, no le faltarían apoyos. Especialmente, el papa Francisco, Erdogan y Putin, llamados a jugar un papel determinante en la solución de los problemas de Oriente Próximo.

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