La naranja mecánica

La primera victoria estratégica de Ciudadanos pasa por condicionar el discurso político a sus rivales a lo largo de este 2018

ALBERTO SURIO

Ciudadanos se ha convertido en el fenómeno político de 2018 después de su victoria en las elecciones catalanas. Un triunfo, el de Inés Arrimadas, que tiene claves estrictamente catalanas como reacción de una parte de la sociedad catalana frente al procés independentista, y que es difícilmente extrapolable al conjunto de España ante unas generales. Pero la fuerza y capacidad de C's para erigirse en voto útil no nacionalista sí merece atención y suscita una lógica preocupación en el Partido Popular, que ve cómo un rival de reconocida ideología liberal y corta trayectoria emerge adquiere su fuerza como rival creíble en el centro-derecha. La naranja mecánica se presenta como una maquinaria poderosa.

Albert Rivera ha interpretado su victoria en Cataluña como el principio del fin del bipartidismo tradicional. Su euforia es un pronóstico demasiado voluntarista. Su empeño en convertirse en el Emmanuel Macron de la política española, con un partido de corte liberal que rompa la dicotomía entre conservadores y socialdemócratas, es una apuesta. En la historia de España hay dos ejemplos en los que hunde sus raíces el experimento de Ciudadanos: uno es de los liberales progresistas del siglo XIX, que partían de una matriz antiforal. El otro es del Partido Radical de la II República, capitaneado por Alejandro Lerroux, antinacionalista y de origen anticlerical.

Pero Rivera tiene como modelo a Macron, que ha logrado dinamitar el mapa político francés con una rapidez asombrosa y un discurso ecléctico y versátil, no exento de oportunismo, inspirado en el centro liberal y en la telegenia. Rivera y Macron comparten que ambos son bien vistos por el establishment económico como relevos naturales, pero a la vez inofensivos, y con un acento europeísta que contrasta con los populismos extremistas. En Europa no se les ve como un peligroso disolvente antisistema sino como una válvula de escape del malestar social con la política convencional que es perfectamente homologable. Ambos se identifican con un mensaje de recambio generacional que conectan con la transformación social de los últimos años y que capitalizan la desafección hacia los partidos tradicionales. Un recambio joven y aseado. Con traje y corbata. Políticamente correcto.

Ciudadanos se envuelve pues en la eficaz bandera del relevo generacional, frente a un PP que está acosado por investigaciones ligadas a casos de corrupción. En la sociedad con ideologías cada vez más líquidas, el producto encuentra un filón de mercado. Es cierto que el PP perdió ya en las generales de junio de 2017 una parte de su electorado precisamente a consecuencia del desaguaste de estar en el escaparate de los escándalos. Pero la lluvia fina de los mismos puede seguir erosionando al PP y dejarle solo con el electorado más conservador, el de mayor edad, y privarle de fuerza en los sectores más urbanos y más dinámicos. Una amenaza letal para las elecciones municipales de 2018.

Junto a este estandarte de la regeneración democrática, Ciudadanos se envuelve en la bandera española y exhibe sin complejos un nacionalismo españolista liberal y uniformista. Un discurso radicalmente contrario con el registro plurinacional que se esgrime en un sector del PSOE y en Podemos. Y que tampoco conecta con el imaginario de 'las Españas' heredado de la tradición foral vasco-navarra que en su día cultivó la derecha democrática. Los nuevos tiempos son de blanco o negro. También en la cuestión identitaria.

Con estos ingredientes, la 'naranja mecánica' pretende un asalto en el centro-derecha. El PP se resistirá con toda su energía, pero se verá obligadoa estar a la defensiva. Un asentamiento de una tercera vía liberal también complica también las expectativas de la izquierda. C's tiene serias posibilidades de librar con éxito la batalla de la hegemonía frente al PP. Pero, sobre todo, de condicionar los discursos políticos a todos sus rivales. No solo al PP. Esa sería ya su primera gran victoria.

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