Mundo caníbal

Si un niño que muere de hambre es un niño asesinado, nuestro modelo de crecimiento se cobra 50 millones de víctimas anuales

ÁLVARO BERMEJO

Daba gloria ver a los profetas de las nuevas tecnologías reunidos en el Mobile Congress cantando las excelencias de los nuevos dispositivos 5G. Ahora ya hasta puedes conectar tu móvil con tu frigorífico al tiempo que envías un mensaje al súper. Lástima que no invitaran a Jean Ziegler. Dispone de una APP no menos divertida que nos informa cómo cada cinco segundos un niño muere de hambre mientras nosotros seguimos celebrando la fiesta en nuestro teatro de maravillas.

Para este sociólogo suizo, miembro de la Internacional Socialista y ex relator de la ONU, el hambre no es una fatalidad objetiva, sino consecuencia del nuevo 'orden caníbal' derivado de la globalización financiera y el neoliberalismo rampante. Lo cuenta en su último libro, 'Hay que cambiar el mundo'. Toda una llamada a las conciencias que engrana sus tesis con dos títulos anteriores: 'Destrucción masiva: la geopolítica del hambre' y 'Caminos de esperanza'.

El concepto de esperanza tiene mucho que ver con las creencias de este católico que sueña con la disolución simultánea del Vaticano y de la ONU. Ante tan santas instituciones no deja de hacerse la vieja pregunta evangélica que le asalta cuando pasea frente a los grandes bancos de Ginebra: ¿A quién sirves?

La respuesta, después de la publicidad. Digiramos unos cuantos datos infocomerciales: Hoy, quinientas sociedades transcontinentales detentan el 52% del PIB planetario y diez de ellas el 85% el comercio alimentario global. Cargill acapara el 26% del mercado del trigo. Dreyfus, el 31% del arroz. Todo sucede dentro de un marco especulativo según el cual los precios del maíz se han incrementado un 60%, los del arroz un 70% y los del trigo un 50%.

Pero los beneficios no llegan a sus cultivadores tercermundistas. Sólo en el Cuerno de África se hacinan dos millones de personas al borde del abismo. Ningún problema. Según la FAO la agricultura mundial puede alimentar hasta doce mil millones. Debe ser por eso que en los últimos años el Programa Mundial de Alimentos ha reducido su presupuesto a la mitad.

Si Occidente es maestra en el doble lenguaje su fractal se cataliza en todo lo que ampara la libre especulación sobre los alimentos. Pero asimismo, si un niño que muere de hambre es un niño asesinado, nuestro modelo de crecimiento se cobra cincuenta millones de víctimas anuales. Sólo una pregunta más: ¿De qué manera podemos cambiar el mundo? Bien sencillo: active su router y teclee Ziegler. Nada como asomarse a un mundo caníbal para que se te quite el hambre.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos