Otras mujeres con voz: veracidad, sexo y libertad

Las actrices norteamericanas rechazan una dominación que ya no soportan; las europeas nos unimos reclamando precisión

ROSARIO MOREJÓN SABIO

Cien mujeres reunidas en un colectivo para «liberar otra palabra» publicaban una tribuna en ‘Le Monde’ el 10 de enero enfrentándose a los excesos que según ellas empiezan a derivarse del caso Weinstein. El interés por el texto se acrecienta al coincidir con el apoyo al movimiento #MeToo desplegado en la entrega de los Golden Globes el 7 de enero en Los Ángeles. Durante esta velada hollywoodiense, inspirada por la campaña ‘Time’s up’ (se acabó el tiempo), varias centenas de actrices vestidas de negro testimoniaron su solidaridad con las mujeres víctimas de agresión sexual. Sentado el principio de que toda violación es un crimen, las autoras y firmantes francesas han destapado un debate que existe: la superación del patriarcado no puede hacerse linchando al varón, renunciando a las conquistas de cuerpo y sexo, anulando las artes como catarsis, sometiendo la libertad creadora a las censuras más reaccionarias. No todos los hombres son depredadores sexuales ni acosadores laborales. Las filósofas, psicólogas, editoras, periodistas, redactoras-jefe, genetistas, críticas de arte, traductoras, escritoras galas agradecen por necesaria la «legítima toma de consciencia y conciencia de las violencias sexuales ejercidas sobre las mujeres especialmente en aquellos marcos profesionales en el que ciertos hombres abusan de su poder». Ahora bien, recomiendan distinguir entre agresión sexual, violación, acoso, conductas sexistas, galanteo como posibles delitos machistas. Estas conductas, ¿pueden situarse en el mismo plano?

La tribuna de Chiche, Millet, Robbe-Grillet, Sastre y Shalmani responde, entre otras, a las matizaciones necesarias del nacimiento de #balancetonporc. Cediendo a su «impulsividad» como ella misma contaba el 2 de enero, también en ‘Le Monde’, la periodista francesa Sandra Muller -con base en Nueva York- entiende que ya es hora de denunciar el ambiente malsano del cine, televisión y medios. Recordando que en Cannes se conocía a Harvey Weinstein como «el cerdo», invita a sus compatriotas a contar con nombres y detalles cuantos acosos sexuales hayan padecido en su trabajo. Creado el hashtag allá por octubre de 2017, Muller lo estrena con su propio caso. En el transcurso de un festival, un director de cadena la asalta: «Tienes unas tetas grandes. Eres mi tipo de mujer. Voy a hacerte disfrutar toda la noche». Chocante, patético, presuntuoso este Éric Brion. El antiguo director general de Equidia es su agresor verbal.

Situando siempre sus vivencias en la moral estadounidense, Muller distingue entre conductas impropias, agresiones, acoso y violación para subrayar que cualesquiera que sean la tipología y la gravedad de los actos, sus consecuencias son degradantes e igualmente perjudiciales. La periodista apela a la cultura de la publicación en bucle de la cara del agresor y a la inmediata pérdida de puestos como sanciones a las denuncias. ‘Fin de la historia’. Lamenta Muller que este proceder choque tanto en Francia.

Éric Brion responde a la creadora de #balancetonporc que efectivamente tuvo unas palabras incorrectas hacia Sandra Muller hace tiempo pero en una fiesta, entrada la noche, muy bebido y que solamente fue una vez. «Me gustaba. Se lo dije, torpemente pero insisto en que fue una sola vez». Excusándose por su lejana grosería, Brion señala no haber trabajado jamás con Muller, no ha sido nunca su colaborador o superior jerárquico. Hace frente a las calumnias de que fue despedido de France 2 por acoso sexual con un documento del antiguo director general de France Télévisions explicando su salida en términos muy amistosos. El consultor no subestima el movimiento de ‘liberación de la palabra’ cuyo motor es el Tweet de la señora Muller ahora bien desea que toda denuncia corresponda a hechos reales, graves y sancionables; lo contrario abre la puerta a no se sabe qué… En una casi imposibilidad de trabajar, insultado y debiendo proteger a sus hijos de múltiples ataques, Brion confía en el Estado de Derecho y la justicia de la República (‘Le Monde’, 2 enero 2018).

El acoso sexual es jurídicamente muy distinto de la agresión sexual. Las autoras de «Unas mujeres liberan otra palabra» resaltan la tenue frontera entre cortejo, seducción, licencias obscenas, acoso: «esa zona confusa, turbia en la que los sexos se aproximan, se frecuentan, sin saber todavía si se trata de un juego, de un deseo o de una captación. De estos pasos, ¿cuáles son realmente dañinos para la salud física y mental de una persona?» La periodista Muller cree que «una agresión sea verbal o física, sigue siendo una agresión, sea cual sea su nivel». Ella se vio afectada de estrés intenso y pánico ansioso, mutismo ante la vergüenza padecida por las malhadadas palabras de su «verdugo». ¿Tiempo? No hay datos.

Michel Debout, profesor emérito de medicina legal y de derecho de la salud, creador de las primeras unidades hospitalarias de acogida de las víctimas de violencia de género en 1982, testimonia que numerosas mujeres víctimas de las violencias conyugales presentan los signos de un síndrome postraumático. Incluso alcanzan estados de confusión mental con pensamientos paranoicos. Sienten mucha vergüenza. Quejarse, denunciar a un cónyuge violento es al mismo tiempo reconocer un error propio; es cuestionarse como persona y perder todavía más autoestima en una contradicción a veces infranqueable. Esta desesperación puede llevar a la víctima a la tentación suicida.

De acuerdo con Muller «es imperativo que los hombres no sean a su vez las víctimas de una guerra de sexos o lanzados a los pies de una venganza popular y lapidaria sin elementos probatorios» (‘Le Monde’, 2 enero 2018). Las actrices norteamericanas rechazan una dominación que ya no soportan; las europeas nos unimos reclamando precisión y veracidad.

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