Montesquieu y las duplicidades

Si ya existe, o va a existir, un centro de ciberseguridad a nivel de Euskadi, ¿para qué crear otro en Gipuzkoa?

JUANTXO ITURRIA Portavoz de Podemos Ahal Dugu en las Juntas Generales de Gipuzkoa

Charles-Louis de Secondat, barón de Montesquieu, es sobre todo conocido por su obra 'El espíritu de las leyes', donde teoriza la separación de poderes entre legislativo, ejecutivo y judicial, un planteamiento fatalmente en entredicho en nuestros días por la bochornosa utilización política de la justicia en España. Antes, en 1721, el filósofo francés ya causó un gran revuelo con su novela 'Las cartas persas'. El argumento de la novela es muy sencillo: se presenta como un compendio de las cartas que envían cuatro nobles persas a sus familias durante su visita a Francia, comentando de manera ingenua diversos aspectos del gobierno y la sociedad de este país durante el Antiguo Régimen.

Consultando esta obra con nuestros ojos, es inevitablemente tentador extrapolarla a nuestra sociedad y plantearse: ¿cómo verían la Gipuzkoa de 2018 unos viajeros venidos de algún lugar lejano? ¿Qué comentarían los persas de hoy sobre nosotros y sobre nuestra sociedad?

Si unos persas vinieran a pasar una temporada en nuestro territorio, se verían irremediablemente confrontados al habitual despliegue mediático-publicitario de la Diputación en torno a una serie de proyectos que se anuncian y se publicitan reiteradamente, pero que no existen aún o no están operativos. Entre ellos, figuraría el centro avanzado de ciberseguridad de Gipuzkoa, a crear en el parque empresarial de Zuatzu, en Donostia. Lo pomposo del nombre y la abundante difusión de su creación despertarían sin duda la atención de nuestros viajeros, así que lógicamente querrían saber más sobre este centro.

Tras informarse un poco, nuestros viajeros encontrarían que es una idea razonable. Sabrían que la ciberseguridad es un elemento importante hoy en día. Aplaudirían la medida, ya que considerarían acertado, incluso vanguardista, que la Diputación invirtiera sus recursos en crear un centro de estas características. Es probable que, incluso, reivindicaran la necesidad de que todos los territorios del orbe cuenten con centros similares, criticando abiertamente a los que construyen aeropuertos sin aviones en vez de dotarse de centro de ciberseguridad. Las críticas serían feroces incluso a nivel de Euskadi, ¿por qué Bizkaia y Araba no cuentan con sus propios centros, como Gipuzkoa? ¿Qué clase de inconscientes les gobiernan? ¿Es que les da igual la ciberseguridad de sus instituciones y empresas?

Pero cuando nuestros viajeros indagaran un poco más ese apoyo sin fisuras daría paso al poco tiempo a cierta zozobra, al descubrir que se va a crear un centro de ciberseguridad para toda Euskadi en Miñano (Araba), con el agravante de que este centro tiene «vocación de país», de atender al conjunto del país vasco. También descubrirían que la Diputación luchó porque el centro vasco se situara en Gipuzkoa, pero no lo consiguió. Llegados a este punto, nuestros viajeros estarían perplejos. ¿Si ya existe -bueno, si existe o si va a existir- un centro de ciberseguridad a nivel de Euskadi, para qué crear otro en Gipuzkoa? ¿Por qué los guipuzcoanos deben pagan el 100% de un centro para las empresas de su territorio y el 33% del centro vasco?

Una vez superada la sorpresa causada por la duplicación de centros de ciberseguridad, se dirían que todo debe tener una explicación razonable y que, pese a tener un nombre similar, podría ser que fueran muy diferentes. Sin embargo, verían que las diferencias son nimias, cuando no forzadas: por ejemplo, que el centro de Álava vaya a ofrecer servicios de «alertas tempranas», aspecto que no se va a abordar en Gipuzkoa, mientras que, a la inversa, en Zuatzu se trabajará en certificaciones, algo que no se abordará en Miñano. ¿No sería más eficaz y más eficiente contar con un solo centro para todo Euskadi donde se trabajarán todos esos temas, en vez de contar con los dos proyectados?

Una vez recorrida toda la información sobre el tema, nuestros viajeros ya podrían redactar cartas a sus familias describiendo la ridícula y costosa duplicación de centros de ciberseguridad. No tendrían que ser expertos en ciberseguridad para darse cuenta que les están dando gato por liebre y de que no hay dos centros para dos actividades diferentes, sino que parecería que se plantean actividades diferentes para justificar la decisión de crear dos centros distintos. Podrían contarles que, en Gipuzkoa, las instituciones no se crean en función de las necesidades, sino que las necesidades se distribuyen en función del reparto competencial previamente planeado. También contarían que les parece que la Diputación quiere contar con un organismo autónomo más bajo su control, sin considerar si los fondos necesarios para su creación serían más útiles, en otro destino, para la sociedad guipuzcoana.

Al comenzar la lectura de las 'Cartas persas' de Montesquieu, el lector del siglo XVIII sentía desdén ante la aparente inocencia de los persas, pero poco a poco le invadiría una sensación de desconcierto al descubrir que esa mirada inocente y límpida señalaba cuestiones absurdas, ciertas e injustas en las que no había reparado. Tres siglos después, no hay tregua para el filósofo francés: por un lado, la vergonzosa falta de independencia de la justicia española, uno de los pilares de la separación de poderes que formuló; y, por otro, quienes nos gobiernan en Euskadi y Gipuzkoa (PNV y PSE) se empeñan en surtir a los visitantes persas del barón de argumentos con los que informar a sus familias de la ridícula realidad de centros de ciberseguridad duplicados. Pobre Montesquieu.

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