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MI GENOMA Y YO

La uniformidad en los lenguajes va en paralelo a un proceso de despolitización antidemocrática

ÁLVARO BERMEJO

Frente al razonamiento contrastado, la espectacularización de la noticia. Donde antes primaba la eficacia de un buen guión, pantallas saturadas de efectos especiales, secuencias vertiginosas sujetas a tramas estandarizadas y mucha infotecnología. Lo primero vale para explicar, en parte, la vigente crisis de los medios. Enlaza a la perfección con lo siguiente, por más que se refiera a la semiótica dominante en todos los formatos audiovisuales, trátese de superproducciones cinematográficas, series de televisión o videoclips.

Si se ha preguntado alguna vez por qué todas las películas parecen iguales, tal vez debería comenzar a cuestionarse también por qué la estructura narrativa de los grandes medios de masas afecta el mismo síntoma. Cada día nos cuesta más deslindar, no ya lo cierto de lo incierto, sino la verosimilitud del relato que pauta eso que conocemos como la realidad.

La crisis de los medios es el título de un ensayo explosivo firmado por Peter Watkins, donde analiza tanto la pauperización del lenguaje audiovisual como su sospechosa tendencia a la uniformidad bajo el imperio de un ente difuso al que llama la Monoforma.

Pero se lo puedo contar de otra manera. Un científico de datos del MIT, guionista y antiguo escritor fantasma de Obama, Ross Godwin, acaba de patentar un modelo de inteligencia artificial programado para escribir guiones. Tanto es así que en la última edición del Film Challenge de Ciencia Ficción de Londres, Benjamín, el robot guionista, entró en la historia con el primer cortometraje ideado por un cerebro electrónico.

¿Está sucediendo algo semejante con la mediología actual? Desde luego, los medios de masas audiovisuales responden cada vez más a cánones permutables. Algo que para Watkins no tiene nada de inocente: la uniformidad de los lenguajes va en paralelo a un proceso de despolitización antidemocrática.

Muy lejos de lo que cabría pensar cuando asistimos a la universalización de los medios digitales, su presunta horizontalidad replica un mensaje hegemónico en fondo y forma donde el mercado anula cualquier posibilidad de disidencia. Tal vez el mercado no sea más que un algoritmo de ese robot guionista, Benjamín, que ha comenzado a pensar por todos nosotros. La Monoforma se impone en todos los órdenes.

Una evidencia más a favor de las peores pesadillas de Asimov: A medida que el hombre contemporáneo pierde masa cerebral, y capacidad crítica, las máquinas se vuelven más inteligentes. Aunque ya lo sabemos: todo es para nuestro bien.

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