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El exsecretario general de la Vicepresidencia de la Generalitat, Josep María Jové, tenía otra misión aunque fuera equivocada. Su cuaderno en el que se recogen los pormenores del procés pasará a la historia de los escritos junto a las tablas de Moisés

FRANCISCO APAOLAZA

Las libretas son un objeto bellísimo. Jack London invitaba a cualquiera que osara querer ser escritor a mantener un cuaderno, a llevarlo encima y hasta a dormir con él. Alguno se lo ha tomado al pie de la letra. Leí una vez la agenda de un tipo que había escrito una lista de tareas que encabezaba «Hacer más listas de tareas». Eso es una misión en la vida. El exsecretario general de la Vicepresidencia de la Generalitat, Josep María Jové, tenía otra misión aunque fuera equivocada. Su cuaderno en el que se recogen los pormenores del procés pasará a la historia de los escritos junto a las tablas de Moisés, la piedra Rosetta y el libreto del aquel romancero del Ketama cuando hizo de Osama Bin Laden en el Carnaval de Cádiz.

El tiempo ha añadido a las notas del político catalán una pátina de rubor y se leen casi con vergüenza, como los diarios de un adolescente. Se quejan los nacionalistas catalanes de que las notas intervenidas son personales y yo creo que personal hubiera sido escribir «La luz que entra por la ventana de la sala de reuniones hace brillar el pelo de Marta como un río negro y salvaje que baja por su cuello», o siquiera ‘Josep x Oriol’. Su mapa de lo descabellado es bastante político y por eso está en manos de un juzgado de Barcelona. Aunque no sea prueba de nada, contiene un relato sobre todo lo ocurrido en el puente de mando del secesionismo desde el 12 de febrero de 2015 hasta el 11 de noviembre de 2017, un tiempo en el que los independentistas redefinieron el significado de dar un paso en falso.

Hace tiempo que el relato de la independencia discurre como una celebración del absurdo con pasajes gloriosos. Este, por ejemplo: una reunión de la cúpula de la secesión un mes después de que el dedo señalara la presidencia a Puigdemont. En el encuentro, Marta Rovira confirma que el referéndum no pactado carece de sentido. Debió vérselo después. También constatan que se han quedado cortos de votos, pero esto les resultaría un detalle nimio. El propio Mas admite que no sabe si las empresas se quedarán en Cataluña. En los medios vendían el procés como un paseo en barca por el estanque del Retiro, pero en la intimidad eran gente razonable.

El relato desvela cómo la independencia estaba planteada como un viaje a un punto de no retorno en el que solo importaba el combustible para quemar las naves. Llegados a determinado momento, creían que la comunidad internacional no tendría más remedio que mostrarles su apoyo. Esto no sucedió. Los escritos retratan un momento delicioso en el que Mas sugiere que las estructuras del nuevo estado están preparadas, si es que pueden estar preparadas en algún momento y OJ se pregunta cuándo sucederá la ruptura, «¿cuando esté todo preparado o cuando lo parezca?» Debió de optar por la opción segunda. OJ también se plantea esto: «No nos escucharán si no parece que vamos en serio hasta el final». Siempre pensé que ir hasta el final estaba sobrevalorado; a veces es mejor quedarse a medias. Aclaración: OJ es Oriol Junqueras, pues Jové usaba las iniciales de los protagonistas para ocultarlos. Quién se iba a imaginar que alguien sería capaz de desvelar la clave.

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