Las mejores universidades del mundo... ¿En qué?

Para medir la calidad de una universidad, ¿no habría que incorporar también indicadores que midan la calidad de la enseñanza y que incentiven al profesorado?

NURIA LÓPEZ DE GUEREÑU

Recientemente se ha dado a conocer el Ranking Académico de Universidades del Mundo (ARWU), que es, al parecer, uno de los más fiables. Como suele ocurrir cada vez que se publica un ranking educativo global, sus resultados han tenido un importante eco en medios de comunicación, lo que pone de manifiesto la importancia que el conjunto de la sociedad otorga a la educación. Seguro que el análisis exhaustivo de sus resultados, así como de las posibles razones que explican las diferentes posiciones en el ranking y la mayor o menor concentración de ‘mejores’ universidades en determinadas áreas del mundo, daría para escribir muchas líneas. Como no soy una experta en el tema, no voy a aventurarme en esa dirección.

Sí, me gustaría realizar una pequeña aportación al debate que la publicación del ranking ha suscitado, que tiene que ver con las escasas líneas que el análisis de los indicadores que llevan a la Shangai Ranking Consultancy a determinar qué universidad es ‘mejor’ en términos objetivos y medibles ha merecido. ¿En base a qué están midiendo las universidades?

Tal y como se recoge en el apartado de metodología publicado en la propia página web de ARWU, los indicadores utilizados para su elaboración están directamente relacionados con el número de alumnos y personal de la universidad que ha ganado un Premio Nobel o Fields Medal (considerado por muchos como el Premio Nobel de las matemáticas), y el número de investigadores frecuentemente citados y papers publicados en foros y revistas específicos.

No se me pasa por la cabeza quitar el más mínimo mérito a la universidad que cuente entre su alumnado con personas que han merecido los mencionados prestigiosos galardones. O que cuente con un número muy elevado de publicaciones en prestigiosas revistas académicas especializadas. La investigación ha sido y sigue siendo un elemento fundamental para el desarrollo de la humanidad. Además, soy perfectamente consciente de las ventajas que una buena posición en el ranking puede suponer para el entorno de la universidad. Pero para eso, claro, el propio entorno tiene que contribuir. En cualquier caso, no voy a profundizar en ello, como tampoco lo haré en la escasa importancia que el ranking otorga a las humanidades.

Lo que la naturaleza de los indicadores del ranking me lleva a preguntarme es que, si con el objetivo de estar bien posicionadas en el mismo, para las universidades es más importante tener muchos buenos profesionales de la investigación que muchos buenos profesionales de la enseñanza... ¿Cuál es realmente el papel principal que otorgamos a la universidad? ¿Investigar o enseñar? ¿Quizás ambas cosas, en un adecuado equilibrio? Entonces, para medir la calidad de una universidad, ¿no habría que incorporar también indicadores que midan la calidad de la enseñanza, y que incentiven la adquisición por parte del profesorado de competencias pedagógicas que contribuyan a la mejora de su actividad docente? ¿O incorporar como indicador, por ejemplo, el número de profesores que hayan logrado premios del tipo Global Teacher Prize? ¿Y dejar que sean los centros tecnológicos y de I+D+i los que se midan estrictamente por indicadores que tienen que ver con la investigación y sus resultados (patentes, publicaciones, premios a la investigación)? Teniendo en cuenta los indicadores que utiliza ARWU, ¿no sería más correcto que el título del ranking hiciera alguna mención expresa a que lo que mide es el éxito en términos de resultados de la investigación? ¿Algo así como Ranking de la Calidad Investigadora de las Universidades del Mundo?

Considero que los profesionales de la investigación y los profesionales de la enseñanza responden a perfiles diferentes. Y que, si bien para el ejercicio de ambas profesiones se requiere un elevado conocimiento en diversas materias, sin embargo las dos requieren capacidades, aptitudes y actitudes diferentes. No olvidemos que enseñar no se limita a la mera transmisión de conocimientos. Un buen profesional de la enseñanza debería de ser capaz, además, de motivar a su alumnado, estimular su curiosidad y su autonomía en el aprendizaje, promover el pensamiento crítico y la capacidad de análisis, favorecer el debate multidisciplinar dentro y fuera del aula... Seguro que muchos profesionales de la investigación son capaces de hacerlo. Personalmente, he sido testigo de ello. Pero creo que no deberíamos de darlo por hecho. Porque, desgraciadamente con mayor frecuencia, también he sido testigo de lo contrario.

Además de impulsar la investigación, enseñar y educar constituyen funciones esenciales de la universidad. Aunque quizá no sean tan objetivamente medibles. Quizá, sólo remotamente, pudiera ser que Einstein tenía razón cuando afirmaba que, ni todo lo que importa se puede medir, ni todo lo que se puede medir importa.

Nuria López de Guereñu fue secretaria general de Confebask y consejera vasca de Transportes.

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