Un mago con violín

Pablo Sarasate Navascués fue una de las primeras celebridades globales de la cultura de masas y de la sociedad del ocio surgida en la segunda mitad de siglo XIX

Cuando Sarasate tocaba en Londres le iban a escuchar hasta Sherlock Holmes y su inseparable Watson, según se lee en uno de los relatos de Arthur Conan Doyle. Hermann Hesse (el autor de 'Siddartha' y 'El lobo estepario') en su primer libro le dedicó el poema 'Sarasate'. Trató con el gran Anton Chejov, con el ilustrador Gustave Doré y con personalidades de todos los ámbitos y de todos los países, desde reyes a desheredados, que ardían en deseos de oírle tocar. Algunos de los principales pintores y escultores de su tiempo quisieron inmortalizarlo artísticamente. Y muchos, muchísimos compositores le dedicaron partituras con la esperanza de que las interpretara.

Pablo Sarasate Navascués fue una de las primeras celebridades globales de la cultura de masas y de la sociedad del ocio surgida en la segunda mitad del siglo XIX. En ella triunfó de manera rotunda este virtuoso concertista y compositor sobrado de talento y dotado de una arrebatadora personalidad por su estética y sus maneras, estudiadamente sofisticadas cuando se subía al escenario. Un dandi y un cautivador que, pese al reguero de suspiros femeninos que a su paso levantaba, permaneció siempre célibe: solo estuvo casado con su instrumento, los stradivarius que tantas preocupaciones le provocaban temiendo que llegaran a 'enfermar' durante sus largos viajes.

No ha habido otro artista vasco con semejante popularidad. Vivió vertiginosamente, de gira en gira, recorriendo miles de kilómetros cada año, y ganó muchísimo dinero haciendo vibrar las cuerdas musicales y emocionales en todas las cortes europeas y en los principales teatros del mundo. Entre San Petersburgo y Río de Janeiro, entre Boston y Viena se extendió una auténtica 'sarasatemanía'. Era capaz de llenar un auditorio de 4.000 personas dejando a otras 2.000 protestando en la calle bajo la nieve (como le sucedió en Berlín). Y todavía al final de su vida, ya mayor, viajando en tren por España la gente se agolpaba en los andenes con la esperanza de ver a su paso al 'mago del violín'.

Añadamos que no tuvo una relación fácil con su país natal. Pues, aquí, esa heterodoxa licuación de vasco y parisién que representaba Sarasate no despertaba la misma simpatía que en la culta Europa, y bien que en su querida Navarra contaba con amigos y admiradores también tuvo muchos y muy importantes detractores que no le perdonaban su forma de ser, de vivir y de pensar con libertad.

Lo anterior es solo un pellizco de la extraordinaria biografía de la que es autora María Nagore Ferrer: se titula 'Sarasate. El violín de Europa'. Si el tema les motiva, a no dudar que disfrutarán con su lectura.

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