Limpieza en el Vaticano

El papa Bergoglio parece apostar por dotar a sus decisiones más relevantes de una consistencia teológica tal que resulten difícilmente cuestionables para el sector más inmovilista de la Iglesia

JESÚS MARTÍNEZ GORDO, CATEDRÁTICO EN TEOLOGÍA

El papa Francisco se ha empleado a fondo estos últimos meses para despejar del horizonte a una serie de personas y comportamientos que han venido lastrando su proyecto de reforma de la Iglesia desde el inicio de su pontificado.

En primer lugar, ha concedido una 'excedencia' al cardenal australiano G. Pell, (miembro del llamado C-9, considerado el número tres del organigrama vaticano y encargado de «vigilar y controlar» los bienes de la Sede Primada) para poder defenderse de las acusaciones de abusos sexuales, supuestamente cometidos entre los años 1976-1980 y 1996-2001. Son muchos los que, interpretando esta 'excedencia' como un viaje sin retorno, no dejan de censurar la confianza depositada en él y entienden que sus diferentes nombramientos son, muy probablemente, el mayor error cometido por Francisco. La justicia australiana clarificará la consistencia de las imputaciones y, a la vez, si, efectivamente, la confianza en él depositada ha sido el error de bulto que cabe apreciar, al menos, en un primer momento, y, de paso, si la 'excedencia' es una rectificación, aunque tardía.

Pero, además, el Papa ha relevado a G. Müller, una vez cumplido su mandato de cinco años, al frente de la Congregación para la Doctrina de la fe (ex-Santo Oficio); una inusual decisión que parece obedecer a diferentes razones. El cardenal alemán ha sido uno de los más firmes y persistentes opositores a la propuesta papal de primar la verdad evangélica de la misericordia sobre las «verdades innegociables» de la llamada ley moral natural en la moral sexual y en la pastoral familiar. Y, también, quien ha amparado el boicot a la decisión papal de implementar una política de tolerancia cero en los casos de pedofilia de los curas y de los obispos, tal y como denunció en su día Marie Collins. Cuando esta mujer, víctima de abusos sexuales, presentó su dimisión de la Comisión encargada de tutelar a los menores, alegó la «inaceptable y vergonzosa falta de colaboración» de «algunos miembros de la Curia Vaticana», así como la vía muerta en que había quedado la decisión papal de poner en funcionamiento un tribunal para juzgar a los obispos negligentes al respecto. Fueron muchos quienes, a raíz de semejantes denuncias, pudieron constatar cómo el cardenal G. Müller era un gran especialista en activar una variante vaticana del llamado 'pase foral': acataba formalmente lo que el Papa aprobaba, pero no lo ejecutaba... Con el nombramiento de L. F. Ladaria, mallorquín, jesuita y secretario de la Congregación para la Doctrina de la fe desde 2008, Francisco parece estar apostando por dotar a sus decisiones más relevantes de una consistencia teológica tal que resulten difícilmente cuestionables para el sector inmovilista de la Iglesia. Es una interpretación cuya verosimilitud (o no) podrá comprobarse cuando la comisión que preside el nuevo Prefecto se posicione sobre el diaconado femenino, una puerta que, de abrirse, dejaría franco el camino del sacerdocio e, incluso, del episcopado femenino.

Finalmente, es excepcional que los tribunales de la Santa Sede hayan decidido llamar a declarar al cardenal Tarcisio Bertone (el número dos en el papado de Benedicto XVI) para que aclare su posible responsabilidad en la desviación de 442.000 euros del hospital infantil 'Bambino Gesù' con los que, al parecer, habría arreglado el ático en el que reside, una vez jubilado. Un indudable ejemplo de transparencia, largo tiempo esperado y que sería deseable se extendiera a todos los ámbitos de gobierno. Y no solo en el Vaticano.

Entre tanto, se han conocido otros gestos y detalles del papa Bergoglio cargados de esperanzada significatividad: ha aprobado que sean reconocidas como santas las personas que han dado sus vidas por el prójimo aceptando libre y voluntariamente una muerte cierta y prematura; ha estado cerca de los padres de Charlie Gard, el niño recientemente fallecido por una extraña enfermedad genética; ha telefoneado a R. Acuña, un basurero argentino, padre de cinco hijos que perdió sus piernas hace cuatro meses en un accidente de trabajo; ha escrito una carta a Andrea, una enferma que le había invitado a ir con ella y con sus compañeros a una peregrinación a Loreto, animándola a no bajar nunca la guardia y, por si todo ello fuera poco, ha puesto un letrero a la entrada de su despacho en el que se puede leer: 'prohibido quejarse'. «Los transgresores están sujetos a un síndrome de victimismo con la consecuente disminución del tono del humor y de la capacidad para resolver problemas». «Por tanto: deja de quejarte y actúa para hacer mejor tu vida».

Limpieza y, obviamente, transparencia. Pero también, y, ante todo, misericordia a manos llenas; en especial, con los más sencillos y necesitados. Sin olvidar, por supuesto, unas cuantas gotas de buen humor. Cuatro oportunos ingredientes para los tiempos que corren.

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