Juventud: ¿divino o devaluado tesoro?

La edad se ha convertido en un factor más importante que la pertenencia a una clase social o al nivel de renta para inclinarse por el voto

Se habla mucho de la crisis de la juventud, de los años que abarca, de la brecha generacional, del idealismo y la generosidad que le es inherente y del alumbramiento de una sociedad nueva. Todos ellos aspectos importantes y aspectos que se deben tomar en consideración.

Discriminar a los jóvenes por sistema, es una postura perniciosa, así como ensalzarlos por oportunismo o por quedar bien ante ellos. Si se quejan, se les acusa de inmaduros, y si no se quejan, se les acusa de de pasotas. Todo el mundo deja de ser joven alguna vez.

Constatamos que muchos valores y posturas ante la vida personal y social pertenecientes al ámbito familiar, religioso o cultural como la eutanasia, el divorcio, el aborto o la misma cultura de género, tenidos como inmutables hasta ahora, son cuestionados en su raíz, cuando no rechazados. El cambio generacional deja en evidencia las diferencias que se dan entre padres e hijos, y más en estos momentos de gran movilidad social y acelerado cambio de costumbres. Es significativo el modo de comunicación e información en el que nos movemos todos, pero sobre todo los jóvenes, en el que la inmediatez de la información y la falta de reflexión penetran, incluso, en la vida privada.

Aun a riesgo de simplificación nos fijamos en tres realidades que afectan directamente a los jóvenes.

1.- Un trabajo digno y continuado. Se ha afirmado, y con razón, que la generación actual, a pesar de estar muy bien preparada sufre las consecuencias de la crisis económica. Así lo han ido confirmando los informes que ha ido presentando el Observatorio Vasco de la Juventud desde 2013.

Con todo, el último, que acaba de publicarse, revela que los jóvenes vascos están ahora más motivados que, hace cinco años, para encontrar empleo adecuado a su formación, con lo cual no estarán tan obligados a emigrar al extranjero. De todos modos, la tasa de paro juvenil sigue siendo muy alta (17,2%) y los que trabajan han de soportar altas cotas de precariedad. De ahí que sientan un cierto riesgo de pobreza y que, consecuentemente, consideren que difícilmente podrán llegar al estatus social que tuvieron sus padres.

Desde esta perspectiva tampoco es difícil inferir una situación de desigualdad social entre los que pueden acceder a un empleo digno y estable y los que no. No hay duda de que la carencia y precariedad laboral que se cierne sobre muchos jóvenes condiciona de forma notable su autonomía personal y la posible creación de nuevas familias.

2.- Compromiso político responsable. Desde hace algunos años, se constata cierto interés por la actividad política y la ruptura con los partidos políticos tradicionales. La edad se ha convertido en un factor más importante que la pertenencia a la clase social o al nivel de renta para inclinarse por el voto en unas elecciones. Opinan que la riqueza está mal repartida y que la democracia no funciona. Los más jóvenes apoyan más a los partidos políticos nuevos, son objetivo predilecto de la demagogia y el populismo y se muestran críticos con el funcionamiento de las instituciones, la economía de mercado o la bondad del desarrollo autonómico.

Notemos que en nuestro contexto político, han sido los jóvenes uno de los principales actores de la conflictividad violenta vivida estos últimos años. Han sido jóvenes, incluso los adolescentes, no hay por qué ocultarlo, quienes se han visto involucrados en atentados y enfrentamientos de muy diversa consideración. Jóvenes, que de forma más clara que sus mayores, se han dejado seducir por la heroicidad de la lucha armada, alimentando en sus entornos la cultura del odio y el debilitamiento de la confianza en las instituciones.

3.-Llamados a protagonizar un mundo nuevo. Se impone así: incidir en actuaciones efectivas que se vienen realizando, superar los factores negativos que impiden la falta de oportunidades, preparar política y socialmente las carencias en la educación y la capacitación profesional, con la participación efectiva en la responsabilidad común. Sujetos de esta acción hemos de considerarnos todos, desde las familias hasta la administración pública, pasando por todos los entes intermedios. Sabiendo que no va a ser fácil, pues la cultura dominante va a contrarrestar muchos de estos esfuerzos.

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