Contra Julen y más

La lectura de la sentencia en la que el magistrado Augusto Maeso impone, de acuerdo al veredicto de culpabilidad del jurado popular, 19 años de prisión a Luis Serrano por matar a su hijo Julen y la retirada de la patria potestad de sus otros tres vástagos el tiempo de la condena arroja un sobrecogedor relato de violencia en el seno de la familia; es decir, en el ámbito propio de los afectos y de la obligada protección de los progenitores hacia los menores a su cargo. La verdad judicial que establece el fallo, a expensas de su contraste en segunda instancia, describe a un hombre con problemas de ludopatía obsesionado por el divorcio de su mujer, que la acosaba con llamadas y mensajes para que volviera con él, que se valía de Julen para mantener un hilo de relación con ella y que concibió un «designio criminal» que desembocó en el asesinato «con alevosía» del adolescente. Así que este no es solo un terrible filicidio en el que Julen perdió toda la vida que tenía por delante a manos de su propio padre, al que quería y en quien confiaba. Late en el crimen el impulso más primario y destructivo de la violencia machista. Solo que esta vez el asesino no mató a su exmujer, sino que la sumió en el peor de los sufrimientos para cualquier madre: que le arrebaten a su hijo para siempre.

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