Israel first!

Estados Unidos mira más por los beneficios del Estado hebreo que por los suyos propios, al menos desde un punto de vista diplomático y geoestratégico

CARLOS LARRÍNAGAHistoriador

Donald Trump ganó las elecciones con el sencillo lema de 'America first!'. No obstante, la política que está llevando a cabo durante su aún breve presidencia parece responder, al menos en Próximo Oriente, a los deseos de Israel, fundamentalmente. Es lo que acabamos de ver con el anuncio del 8 de mayo de retirar a Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán, firmado en julio de 2015 en tiempos de Barack Obama. La verdad es que se venía barajando esta posibilidad desde el día en que tomó posesión de su cargo, pues ya criticó el convenio en su momento e incluyó su denuncia en la campaña electoral. A este respecto, su alineamiento con Benjamin Netanyahu ha sido total. No en vano el primer ministro israelí manifestó siempre sus críticas a este arreglo, por entender que sólo favorecía los intereses de Teherán. Nada más lejos de la realidad. Su patética aparición en televisión el pasado 30 de abril con un power point, un gran número de carpetas y 183 CDs, asegurando que allí estaba el «archivo atómico secreto iraní» me recordó, en cierta medida, la penosa presentación que hizo el exsecretario de Estado, Colin Powell, ante el Consejo de Seguridad de la ONU hablando de las armas de destrucción masiva de Irak. Mentira, como lo de Netanyahu, quien señaló que la Inteligencia hebrea había logrado robar tamaño botín en un almacén abandonado de las afueras de la capital persa. O sea, que una información tan sensible se encontraba en un local sin custodiar y al alcance de cualquiera. Explicación que a mí no me convence, francamente.

Lo que las autoridades israelíes pretendían con ese acto era presionar a la Administración Trump, la única que dio su respaldo inmediato a semejante patraña. Habida cuenta de que el inquilino de la Casa Blanca se había puesto como fecha límite el 12 de mayo para tomar su decisión, todo tipo de apremio era bueno, como Israel viene haciendo desde hace años. Ello a sabiendas de que la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) ha estado señalando en sus informes que Irán está cumpliendo con sus compromisos y que no hay indicios de actividades para el desarrollo de explosivos nucleares desde el 2009, es decir, antes de la firma del pacto. Si bien eso a Trump y a Netanyahu les da igual. Su obsesión con el régimen persa y con las posibilidades de que Israel sea objeto de un ataque marcan los pasos dados en este terreno. Cuando lo cierto es que Israel es el que suele perpetrar ofensivas contra Irán, por no hablar de que sólo aquel país posee armas nucleares en la región y no ha firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear.

En este sentido, las aspiraciones de Israel han encontrado respuesta positiva en Trump, frente a las recomendaciones en contra de Emmanuel Macron y Angela Merkel, quienes incluso le visitaron en Washington recientemente. De nada han servido los arrumacos, besos o palmaditas en la espalda entre el francés y el norteamericano, quienes dieron una imagen más propia de amiguitos de colegio que de líderes mundiales. Ni siquiera la seriedad de la alemana a la hora de abordar este tema ha servido para nada, aunque al menos nos libró del bochornoso espectáculo de tanto manoseo y mantuvo la compostura. El propio Macron reconoció que creía que el multimillonario pondría término a su compromiso, como así ha sido. De ahí que se pueda decir que el gran vencedor de esta batalla es Israel, que ha visto colmadas sus expectativas, echando por tierra el mayor legado que nos dejó Obama en materia de política exterior. En esta tesitura, es fundamental que el resto de firmantes (Francia, Reino Unido, Rusia, China y Alemania) persistan en la determinación de mantener un concierto que Teherán ya ha dicho que seguirá respetando y cumpliendo. Entonces se vio una oportunidad no sólo para lograr la apertura de Irán, sino también para avanzar en la pacificación de una zona muy convulsa. Por este motivo, propuestas insensatas como ésta sólo contribuyen a agravar las cosas.

Y es que da la sensación de que, con Trump, Estados Unidos mira más por los beneficios de Israel que por los suyos propios, al menos desde un punto de vista geoestratégico y diplomático. Qué duda cabe que, a nivel interno, la resolución del magnate beneficia a las grandes empresas de armamento (encantadas con la proliferación de conflictos para hacer caja) y de las petroleras (agraciadas por el embargo al crudo iraní para así hacer subir los precios), pero, a nivel mundial, esta disposición no ayuda a Estados Unidos, que, por un lado, acentúa sus discrepancias con sus socios europeos, y, por otro, lo distancia de China y Rusia, en un momento especialmente delicado en sus relaciones bilaterales. Mientras los primeros estarían dispuestos a una renegociación y a nuevas conversaciones con el Gobierno iraní, posiblemente los segundos no estén por labor. Incluso, la situación podría enquistarse muchísimo si Hasán Rohani llevara a efecto su amenaza de enriquecer uranio en caso de romperse la alianza definitivamente, dando rienda suelta a los sectores radicales que nunca vieron con buenos ojos un entendimiento con Washington. Lo que llevaría a un escenario sensiblemente peor del que tenemos actualmente. Por eso tengo la impresión de que el fallo de Trump y de los halcones que lo rodean ha estado motivado por el 'Israel first!' antes que por el 'America first!'. Y lo mismo con el traslado de la embajada a Jerusalén, cuyo reguero de muerte ha dejado más de 60 fallecidos, que, sumados a los que llevan protestando desde el 30 de marzo, hacen 110 y 10.000 heridos. Sin comentario.

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