Irán: ¿y ahora qué?

Cuanto más arrecian los problemas de Trump con las irregularidades de su campaña electoral, cuanto más progresan las averiguaciones del fiscal Mueller, mayores son las embestidas internacionales del presidente norteamericano

ROSARIO MOREJÓN SABIODoctora en Psicología

El ministro de Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif, se consagró el pasado febrero en la conferencia anual sobre seguridad celebrada en Munich al tema que llevaba ocupándole meses: la defensa de las buenas intenciones iraníes y la denuncia de la duplicidad estadounidense en el Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA), nombre técnico sobre el programa nuclear iraní alcanzado el 14 julio de 2015 en Viena. Sin esperar al temido 12 de mayo, el presidente Trump anunciaba el día 8 la ruptura de 12 años de negociación crucial sobre la no-proliferación atómica. Fiel al cumplimiento de sus promesas electorales, empecinado en deshacer cada logro de su predecesor Obama y sin demasiada capacidad para discernir en una trama compleja como es la geopolítica mundial, el dirigente norteamericano vuelve a ignorar la necesaria credibilidad de los acuerdos internacionales.

¿Qué nos espera con la decisión de Trump de destruir un proyecto internacional que se ocupa de la detención -verificable- del programa nuclear militar iraní a cambio de la eliminación de las sanciones occidentales? Las visitas a Washington de Emmanuel Macron y de Angela Merkel no han impedido que Trump abandone el compromiso de Viena y pretenda reestablecer el régimen estricto de penalizaciones a Teherán. El jefe de Estado francés sugirió ya en septiembre en la ONU, la posibilidad de incluir en las negociaciones con Irán otros puntos conflictivos además del contencioso nuclear. Una apuesta arriesgada que Macron ha llegado a compartir con Trump estos días en la Casa Blanca. En vano.

Ampliar el acuerdo cerrado por Obama al control de lo que Trump llama «defectos» (supervisión de misiles balísticos y reducción del poder iraní en la región) es de todo punto inviable por entender Teherán que es una renegociación del pacto. En este clima político, el ministro de Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian fue enviado a Irán en marzo. El recibimiento no pudo ser más franco: bajo la presión de los duros del régimen y el descontento de la calle por la situación económica del país, el moderado ministro Zarif se ha endurecido. El entorno del Guía Supremo Alí Jamenei tiende a radicalizarse ante ataques como los de Netanyahu acusando a Irán de ser «la mayor amenaza para el mundo» y las nuevas alianzas de EE UU con Arabia Saudí e Israel.

Josemari Alemán Amundarain

En enero las posiciones europeas y estadounidense sobre el futuro del acuerdo iraní todavía parecían compatibles. En Davos, el director de Total, Patrick Pouyanné, abordaba a Trump. El secretario de Estado, Rex Tillerson toma la palabra a indicaciones de su jefe: el análisis dejó abierta la esperanza. Desde enero las veleidades de Trump han configurado un escenario dispar al otro lado del Atlántico. Los responsables de la diplomacia norteamericana, Rex Tillerson y el general H.R. McMaster, han sido sustituidos por dos 'halcones', Mike Pompeo y John Bolton, significados por su gran hostilidad al JCPOA. Cuanto más arrecian los problemas de Trump con las irregularidades de su campaña electoral, cuanto más progresan las averiguaciones del fiscal Mueller, mayores son las embestidas internacionales del presidente estadounidense.

Francia, Gran Bretaña y Alemania, países en el origen del acuerdo, no se resignan al pesimismo. La operación «salvar la JCPOA» sigue en pie bajo la dirección que Merkel y May han confiado a Macron, conocido ya como «el hombre que sabe susurrar a Trump». Federica Mogherini, alta representante de la UE en políticas de seguridad, ha mostrado la disposición europea a salvaguardar un acuerdo que como recordara el presidente, Hassan Rohani, no es un acuerdo bilateral USA-Irán; el Pacto de Viena es un gran éxito del multilateralismo. El ministro Zarif, desde la radio americana NPR, ante el anuncio de Macron en la Casa Blanca el 24 de abril de alcanzar un acuerdo renovado, rechazó toda posibilidad de negociación. «No hay plan B para el acuerdo de Viena. Es todo o nada. Es una cuestión de principios».

El día después de la ruptura, la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) confirma que Irán sigue respetando las bases del acuerdo según lo firmado. El Guía Supremo Jamenei autoriza un plazo de vigencia para el Pacto de Viena siempre que los europeos exhiban distinta seriedad a la de Trump. Rusia y China, los otros firmantes apuestan por salvar el compromiso. May, Macron y Merkel abogan por trabajar más unidos que nunca en favor de los muchos intereses económicos pendientes y sobre todo por el riesgo de mayores confrontaciones en el Medio Oriente.

El Pacto de Viena no es lo mejor; los expertos admiten que es insuficiente pero acabar con él es alimentar a los duros del régimen iraní y es aceptar la extraterritorialidad de Washington en los asuntos europeos. París, Londres y Berlín deben mantener un solo criterio cuando en los tres, seis próximos meses las sanciones norteamericanas empiecen a caer sobre las empresas, bancos y negocios vinculados a Irán. Aprovechemos esta crisis para asentar la solidaridad europea. La fuerza del multilateralismo no puede sucumbir ante un dirigente como Trump que practica la mentira como forma de gobierno y cada día degrada más la democracia liberal. ¿Qué garantías puede ofrecer a Corea del Norte en otra negociación 'nuclear'?

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