Un Gobierno ético para un tiempo de épica

El reto consiste en empezar a proyectar y aplicar la alternativa socialdemócrata frente a las políticas neoliberales y patrioteras de las derechas: garantizar el Estado de bienestar, un modelo de cohesión territorial y un nuevo modelo económico productivo para España

ODÓN ELORZA Diputado del PSE-PSOE por Gipuzkoa

Ningún gesto de euforia, ninguna celebración. Los socialistas hemos sentido una profunda alegría por haber expulsado de La Moncloa a Rajoy y un evidente vértigo al acceder al Gobierno en condiciones muy difíciles para la gobernabilidad. Es imposible negar la gran complejidad del escenario que tiene que afrontar el nuevo Gobierno del PSOE y los límites objetivos que acompañarán al equipo ministerial del presidente Pedro Sánchez. Por eso tendremos un gobierno ético y consciente de la dimensión épica de la tarea.

Con este panorama y la práctica de la resiliencia, le corresponde al PSOE abrir un capítulo nuevo en la historia de la democracia en España. Le tocará liderar una auténtica catarsis de la vida política institucional que suponga prevenir y acabar con las tramas de corrupción, recuperar el prestigio de las instituciones como parte de la regeneración democrática, aplicar una orientación social al proceso de recuperación económica de la mano de una redistribución de la riqueza para acabar con el empleo precario y la devaluación salarial y otra cultura en el ejercicio del poder. Las ideas claves guardan relación con la ética política y se llaman diálogo, regeneración y redistribución.

En solo una semana se han sucedido acontecimientos tan decisivos como la aprobación de los Presupuestas Generales del Estado, la consulta relacionada con la compra de un chalé por los máximos dirigentes de Podemos, la detención de Zaplana, la primera de las sentencias sobre la trama de la Gürtel y la inesperada aprobación de una moción de censura contra Rajoy.

No ha habido tiempo suficiente para hacer la digestión con calma de las convulsiones que estamos viviendo ni para reflexionar sobre el triunfo de la democracia sobre la impunidad. El único que intentó hacer la digestión, con muy mal resultado, fue el propio Rajoy con su larga sobremesa en el restaurante cercano a la Puerta de Alcalá.

La España doliente de estos años de crisis económico-financiera y de peligrosa decadencia del sistema democrático, ha observado atónita el acto final de ceguera y soberbia política por parte de Mariano Rajoy, responsable, en última instancia, de la cadena de casos de corrupción vinculada al PP y de la precarización y los recortes sociales que sufre la mayoría de la ciudadanía.

El PSOE ha sido coherente e hizo algo que no habíamos previsto pero que era la única respuesta tras la sentencia para devolver la dignidad a la democracia: la presentación de una moción de censura constructiva. Rajoy pudo optar por su dimisión, aceptando las reiteradas peticiones que le formuló Pedro Sánchez durante el tenso debate del jueves. Esa dimisión, le hubiera mantenido al frente de un Gobierno en funciones durante el proceso de investidura que se habría abierto por el Rey con un periodo de dos meses y, en caso de resultar fallido, durante los 54 días siguientes hasta la celebración de elecciones anticipadas.

Tenía esa salida -en mi opinión generosa en exceso- pero hubiera sido insoportable para la democracia que Rajoy permaneciese en Moncloa, previsiblemente hasta noviembre, con un gobierno y un país paralizados. Esa era la traducción de lo que pedían algunos editoriales -elecciones anticipadas pero no tanto- y a lo que jugaba Rivera y su movimiento patriótico nacional de Ciudadanos que han cometido contradicciones que le pueden costar muy caro.

Es Rajoy quien nos ha traído al actual escenario y corresponde a los socialistas desarrollar un esfuerzo de responsabilidad e ingeniería política a varias bandas. Impresionante desafío, en medio de un campo minado, en el que el diálogo con las fuerzas políticas para impulsar las medidas de emergencia social, la interlocución con la sociedad (también con la Generalitat desde la legalidad), la creatividad en las formas y los marcos de participación, la humildad y la pedagogía a la hora de explicar a la ciudadanía la realidad, marcarán esta corta legislatura.

Se trata de planificar con acierto, y a modo de un ensayo, las prioridades de un programa corto de gobierno para su aplicación en un tiempo limitado y tras un itinerario de diálogo y concertación, en especial con Podemos y PNV. Para ello, ya ha anunciado el presidente que una de las primeras tareas será levantar el veto a las leyes paralizadas en la Mesa del Congreso relacionadas, en particular, con la igualdad de género, la reforma laboral, las ayudas a la dependencia y las pensiones. Se impone la elaboración inmediata del presupuesto para 2019 vinculado a una revisión de la fiscalidad, porque sabido es que la herramienta de las cuentas públicas es el único instrumento para cambiar la vida de millones de familias hoy sumidas en la precariedad y la incertidumbre.

El reto consiste en empezar a proyectar y aplicar la alternativa socialdemócrata frente a las políticas neoliberales y patrioteras de las derechas. Me refiero a garantizar el Estado de bienestar, explicar un modelo de cohesión territorial para este país y un nuevo modelo económico productivo para España en este mundo de la globalización con una Europa desfigurada, el crecimiento de las desigualdades, la incidencia de la economía digital y la desregulación de un capitalismo financiero especulativo que está secuestrando la democracia.

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