Los ganadores del procés

DIEGO CARCEDO

Aunque las noticias sobre el conflicto catalán se suceden de manera trepidante, sin dejar tiempo para profundizar en detalles que seguramente acabarán siendo interesantes cuando se repase y analice con atención todo lo que ha ocurrido, cómo ha ocurrido y por qué sigue ocurriendo lo que está ocurriendo. Hay una pregunta que, ante el absurdo de toda esta historia de caracteres carnavalescos, se formula sin respuesta en tantas y tantas conversaciones como de un tiempo a esta parte centran el problema: ¿quién ha ganado o gana con todo el desastre que se ha generado?

Sabemos que hay muchos que pierden. De hecho todos los españoles, no sólo los catalanes, sufrimos las consecuencias de este conflicto en que el fundamentalismo secesionista nos ha metido. La alteración de la convivencia, que en Cataluña era buena y se ha envenenado, es sin duda uno de los males cotidianos que tendrán peor arreglo. Los daños causados a la economía, con la huida masiva de empresas, el aumento lógico del desempleo, la caída de los turistas y la productividad son daños más cuantificables, pero también de incidencia inmediata en el bienestar colectivo.

Los trastornos afectan incluso a la estabilidad política de otros países, como Bélgica, amenazada siempre por cualquier chispa que pueda reactivar el inconformismo intolerante de los flamencos, y la propia organización de la Unión Europea que ha sumado una más a sus preocupaciones y dificultades en el complejo reto de la integración. La aventura políticamente suicidada y democráticamente condenable del soberanismo catalán es bastante probable que no llegue a nada serio ni que no pueda ser resuelto por los cauces del Estado de derecho, pero tardará en olvidarse y en borrarse las huellas sociales, económicas y políticas que está dejando.

Entonces, ¿nadie está beneficiándose de alguna forma?, cabría preguntarse. Que alguien lo estará logrando de una forma u otra es lógico. Y algún día se sabrá. Ahora mismo, el único ganador que conocemos jugada tras jugada es la CUP, el pequeño y atrabiliario partido de definición imprecisa entre antisistema, anarquista y anticapitalista, está consiguiendo todo lo que nunca soñarían imaginar. La condición de bisagra de su grupo parlamentario le ha convertido en árbitro y señor de la situación. Su gran éxito es sin duda haber doblegado a su principal enemigo, el PDeCAT, el partido de la burguesía a combatir y hacerse con el control real del poder.

El balance es apabullante: mandaron al paro al principal líder y candidato, Artur Mas; pusieron y mantuvieron en el Gobierno al mediocre y manejable Carles Puigdemont, le marcaron las líneas de la gestión y los presupuestos para acabar empujando a sus súbditos en la gestión del Gobierno, a unos a la cárcel, a otros al exilio y a todos a la inhabilitación mientras sus líderes, principales artífices del desastre global del procés, se mueven por ahí muertos de risa por el indudable éxito que han logrado.

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