El futuro de Irak tras la toma de Mosul

Para resolver el embrollo iraquí es necesario establecer una democracia real, con igualdad de derechos y emancipación del individuo, lo que implica necesariamente el laicismo

JUANJO SÁNCHEZ ARRESIGORHISTORIADOR, ESPECIALISTA EN EL MUNDO ÁRABE CONTEMPORÁNEO

Mosul ha sido casi liberado de los yihadistas. Todavía se lucha en algunas callejuelas pero el final está sentenciado. ¿Y ahora, qué?

El Estado Islámico representa a una facción muy extremista del Islam suní inspirada en el wahabismo saudí. Sin embargo los árabes suníes suponen únicamente un 20% de la población iraquí. Los chiíes son el 60% pero el wahabismo los considera falsos musulmanes a los que se debe exterminar. Los kurdos y otras minorías suponen el 20% restante. Enfrentados sin remedio al 80% de la población total de Irak, los ultrafanáticos del EI únicamente podían contar con los árabes suníes. Algunos les apoyaron por el deseo de volver a ser la minoría dominante, pero fueron muchos más los que les respaldaron por la política mezquinamente sectaria del primer ministro chií Nuri al-Maliki. Contado con dichos respaldos, los yihadistas lograron su hazaña más sonada, la toma de Mosul, pero sus conquistas nunca pudieron ir más allá de las zonas suníes.

Reforzados por el enorme arsenal capturado, por los árabes suníes de Siria, que son mayoría en su país, por los voluntarios llegados desde todo el mundo, y por el dinero saudí, enfrentados a un enemigo desorganizado por la corrupción, la incompetencia y en demasiadas ocasiones la cobardía de los mandos, no era descabellado pensar que el 20% de la población pudiera sojuzgar al 80% restante, al menos durante algún tiempo. Sin embargo el miedo hizo que la población, en vez de huir o someterse, se movilizase en masa contra los violentos. Maliki fue destituido. Los oficiales corruptos, los desertores, los cobardes, fueron reemplazados. Irán apoyó a los chiíes iraquíes.

La batalla por Mosul ha sido larga y sangrienta. Las tropas iraquíes la han prolongado deliberadamente para reducir al mínimo la destrucción de la ciudad y las bajas civiles, pero también ha servido para incrementar las bajas de los yihadistas. Si hubieran sido listos, los yihadistas habrían fingido una retirada dejando que sus enemigos tomasen Mosul. Luego sus fuerzas, intactas, habrían comenzado una campaña de atentados, con el apoyo de la población local.

Ahora bien ¿Hasta qué punto conserva el EI el apoyo de los árabes suníes? El fracaso nunca es un buen banderín de enganche pero además, el precio de apoyar al EI para seguir siendo la minoría dominante o sencillamente para no ser vasallos de los chiíes ha demostrado ser demasiado alto. Ni Sadam Hussein ni ningún régimen anterior les prohibieron nunca fumar, beber, afeitarse, jugar al ajedrez, escuchar música, volar cometas o cien mil cosas más, que los yihadistas castigaban como crímenes graves. Tras vivir durante años bajo el régimen del EI, podemos estar seguros de que muchos suníes preferirían cualquier alternativa. Sin embargo otros decidirán que el régimen del EI les encanta, igual que en su momento muchos occidentales apoyaban a Hitler, Mussolini o Stalin precisamente por sus aspectos más brutales y sanguinarios o porque ambicionaban escalar en el Nuevo Orden.

¿Qué apoyos puede recabar el EI para reanudar su guerra? Recordemos las razones iniciales de que gran parte de la población árabe suní les apoyase en 2014: Tras ser la minoría dominante desde la independencia del país, los árabes suníes no solo quedaron reducidos a una minoría pequeña sino que además fueron perseguidos y maltratados por la mayoría chií. Por lo tanto, el factor decisivo va a ser la conducta del Gobierno iraquí. Por el momento parece que se esfuerzan en integrar a los árabes suníes. ¿Pero qué sucederá dentro de unos meses, cuando los últimos bastiones del EI en territorio iraquí sean aplastados? ¿Qué sucederá cuando el EI se vea acorralado también en Siria, cuando pierdan Raqqa y el Gobierno iraquí pueda creerse que el tema está zanjado? ¿Mantendrán esa política de moderación e integración? Si la respuesta es negativa, el conflicto sectario resurgirá, aunque no necesariamente de la misma forma que ahora.

Sin embargo, la explicación materialista, aunque exacta, es incompleta. El factor puramente religioso no debe menospreciarse porque ayuda a formar una visión global del mundo y por lo tanto un proyecto político basado en comunidades, colectivos y jerarquías por encima de los derechos del individuo. Cuando esa visión global se ve amenazada, se producen reacciones extremas. Los yihadistas son los heraldos de un mundo que se extingue: de ahí su intolerancia e hiperviolencia. En Occidente sucedió lo mismo y la implantación de una democracia laica tardó décadas en lograrse.

Resolver el conflicto sectario en Irak podría conseguirse a corto plazo instaurando una corruptocracia como la de Putin en Rusia y coaptando en ella a las élites suníes, dejándoles participar en el reparto de la tarta. A día de hoy es la opción más probable. Sin embargo los saudíes, principales instigadores de la ideología yihadista, jamás aceptarían un Irak bajo hegemonía chií. Además, la corruptocracia es precisamente la clase de gobierno que provocó las revoluciones árabes de 2011.

Por lo tanto, para resolver el embrollo iraquí es necesario establecer una democracia real, con igualdad de derechos y emancipación del individuo, lo que implica necesariamente el laicismo, imperativo además al convivir diversas religiones en el mismo estado. Pero eso también requiere derrotar por completo la injerencia saudí y la ideología religiosa retrograda que defienden y financian con sumas fabulosas. Existen además infinidad de problemas e injerencias externas pero estos dos son los más importantes.

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