El Têt y la foto que dio la vuelta al mundo

DANIEL REBOREDO

El 1 de febrero de 1968 el fotógrafo de Associated Press, Eddie Adams, realizó una instantánea que, además de convertirse en icono del movimiento antibelicista a partir de entonces, inmortalizó la brutalidad de la guerra de Vietnam y sus atrocidades. La imagen capturada por Adams 50 años atrás, muestra al general Nguyen Ngoc Loan, jefe de la policía nacional de Vietnam del Sur, en el preciso momento en que asesina al guerrillero del Frente de Liberación de Vietnam, Nguyen van Lem, en una calle de Saigón llena de gente. Tanto la fotografía como el vídeo del asesinato que grabó el fotógrafo de la NBC, Vo Suu, fueron reproducidas en todas las grandes cadenas de televisión del mundo. Un día antes del mismo, comenzó la Ofensiva del Têt en la que las fuerzas revolucionarias vietnamitas del sur, junto con unidades del ejército regular del norte, atacaron casi simultáneamente todas las grandes ciudades de la mitad sur del país.

Durante tres semanas, se luchó desde el corazón de Saigón hasta la embajada norteamericana, parcialmente ocupada por un comando revolucionario. Las fuerzas regulares obligaron al Ejército norteamericano a un combate frontal de gran envergadura alrededor de la base de Khe Sanh, cerca de la línea de demarcación entre el sur y el norte. La ofensiva buscaba generar un levantamiento popular de la población civil del sur de Vietnam aunque, finalmente, no lo consiguiera. Si la primera y más importante oleada de la misma se produjo en febrero, la segunda (mayo y bases militares) y la tercera (agosto y septiembre, atacando sistemáticamente instalaciones norteamericanas) mantuvieron la presión militar para después ceder hasta que cinco años después, el 27 de enero de 1973, se firmaran los Acuerdos de París decretando un alto el fuego e iniciando el camino de la retirada estadounidense dos años después.

Los acontecimientos vietnamitas de 1968 fueron reveladores ya que, en su complejidad, reflejaron los rasgos esenciales del mundo contemporáneo y un cuadro de la propia Guerra Fría. Los combates se desarrollaron frente a las cámaras de televisión y las imágenes de muerte penetraron en los hogares estadounidenses y del resto del mundo. Si la televisión no hubiera estado en el lugar, manifestaba Henry Kissinger, el curso de la guerra de Vietnam habría podido ser cambiado. Se inició la época de la solidaridad internacional con el pueblo vietnamita, de rechazo a la intervención norteamericana y a la dominación imperialista, de gasolina para el Mayo del 68 en París, de guerra injusta y sucia, de horror real y tangible.

Cuarenta y tres años después de su conclusión se mantienen vivos varios de los mitos que hicieron peculiar este conflicto y que proceden de las protestas pacifistas, las imágenes de los soldados en la jungla, los disturbios raciales, etc. Uno de ellos, repetido hasta la saciedad, es el de que la fuerte presión de la opinión pública fue la causa principal de la retirada estadounidense y la gran influencia que tuvieron en la misma los medios de comunicación al difundir las atrocidades cometidas en el conflicto. Esto se asienta en la consideración de que la guerra de Vietnam fue la primera guerra televisada de la historia, obviando la precedente de Corea.

La realidad es que la prensa estadounidense de la época no fue un adversario del poder político y militar y tampoco minó el apoyo de la sociedad norteamericana per se. Los medios norteamericanos más influyentes respaldaron e incluso aplaudieron con entusiasmo las decisiones que fueron adoptando los presidentes John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson en el proceso de la progresiva implicación del país en la guerra. Hasta la ofensiva del Têt fue así. Después y hasta los Acuerdos de París y la caída de Saigón, los medios se sumaron a quienes pedían la retirada y la repatriación inmediata de los soldados. Sólo en esta segunda fase podemos hablar de casos de actuación periodística autónoma, basados en una libertad informativa que ya nunca volvería a repetirse y su influencia, sobre todo a través de la televisión, más que en el curso general de los acontecimientos incidió en la creación de una conciencia social contra la guerra que cuajó en manifestaciones multitudinarias. Fotografías como la del asesinato de Nguyen van Lem ejercieron un efecto demoledor en la ciudadanía porque nadie quería enviar a sus hijos a la guerra y porque se ponía en evidencia la atmósfera de degradación moral y drogadicción del ejército estadounidense. Esto gangrenó al país, aunque la derrota se produjera por razones estratégico-militares (el único armamento que no se utilizó fue el nuclear), ya que la desmotivación y la crítica furiosa de la opinión pública obligó a sus dirigentes a actuar como lo hicieron.

Que los medios de comunicación tuvieran mayor o menor influencia en la finalización de la guerra pierde toda su importancia cuando se contemplan los estragos del conflicto; los casi seis millones de víctimas, los diez millones de refugiados, el enorme daño medioambiental y la costosa reconstrucción del país. La derrota de EE UU en Vietnam asestó un fuerte golpe a su prestigio y a su poderío militar. El fracaso estadounidense se cimentó también en fotografías como la de Eddie Adams.

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