Foralidad compartida

EDITORIAL

La mejor manera de convencer de las bondades de la naturaleza paccionada del Cupo y del Concierto es situarlos por encima de las conveniencias políticas

DV

La firma ayer en Madrid del acuerdo por el que se renueva la Ley quiquenal del Cupo para el período 2017-2021 y se modifican, a su vez, una veintena de artículos de la Ley del Concierto Económico a fin de reajustar la gestión tributaria supone el corolario al recobrado entendimiento entre los gobiernos vasco y central -y por extensión entre el PNV y el PP-, que ha desembocado también en la aprobación de los Presupuestos del Estado para este ejercicio y en el afianzamiento de una legislatura de evolución aún incierta.

El énfasis con el que el consejero Azpiazu y el ministro Montoro valoraron el pacto como ejemplo de normalidad institucional y garantía de estabilidad pone de manifiesto lo incomprensible de tantos años de desencuentro, reflejados en la dilación a la hora de renovar la Ley del Cupo y la enquistada distancia sobre las cantidades a liquidar anualmente. El diálogo y la concertación en un asunto tan sensible nunca debería quedar al albur de las legítimas diferencias partidarias, ni depender de los equilibrios entre las mayorías y las minorías que se libran en el Congreso. Porque la mejor manera de convencer de las bondades de la naturaleza paccionada del Cupo y del Concierto no pasa por situarlos por encima de las conveniencias políticas y la oportunidad del momento.

A nadie se le escapa que la alianza en este terreno entre el Ejecutivo de Urkullu y el de Rajoy, animada por sus respectivas formaciones, representa un saludable contrapunto de pactismo y respeto al marco constitucional y estatutario -el que da cobijo a la singularidad de Euskadi- frente al secesionismo unilateral que dirige hoy el destino de Cataluña. Pero no es la mera comparación lo que otorga valor al acuerdo rubricado ayer, ni debería hacerlo la excepcionalidad del tiempo que vive el país. La defensa compartida de la foralidad que protagonizaron los responsables de Euskadi y del Estado en la sede de Ministerio de Hacienda ha de enviar un mensaje de lealtad mutua y compromiso recíproco superador de coyunturas y capaz de ser asumido como un bien común, tanto por los ciudadanos vascos que se benefician directamente del pacto como por los del resto de las comunidades que no deben encontrar en él un lugar para el agravio.

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