Familia, jóvenes y natalidad

IGNACIO TORO PRESIDENTE DE LA ONG ACCIÓN FAMILIAR EUSKADI

El escritor norteamericano David Foster Wallace comenzaba su discurso en la graduación del Kenyon College (2005) con la siguiente parábola: «Érase una vez dos peces jóvenes que nadaban juntos cuando de repente se toparon con un pez viejo que les saludó y dijo: Buenos días, muchachos. ¿Cómo está el agua?» Los dos peces jóvenes siguieron nadando un rato hasta que eventualmente uno de ellos miró al otro y le preguntó: «¿Qué demonios es el agua?».

Y comentaba a renglón seguido que el significado de la historia de los peces es, simplemente, que las realidades más importantes y obvias son a menudo las más difíciles de ver y explicar. Y esto ocurre, paradójicamente, con la familia y la natalidad en nuestro país. Son lo más importante, pero no parece que en la práctica sea así.

La caída del 11,1% en el número de nacimientos registrado en Euskadi en el primer trimestre de 2017 respecto al año anterior (4.050 por 4.557 en 2016) confirma el descenso continuado desde 2011. Esa baja natalidad no solo contribuye al envejecimiento de la población vasca -el 50% será en 2050 mayor de 50 años, 4 puntos más que la media de la UE- sino que constituye el que quizá sea el principal problema de nuestro país a medio plazo.

Una sociedad envejecida, sin nacimientos, no tiene futuro, y la clave de ese futuro está en los jóvenes de la generación que llamamos 'milenial' , los que están entre los 18 y los 35 años. La profesora María Teresa López, aborda en un brillante estudio la situación de los jóvenes milenials y su actitud frente a la familia y el trabajo profesional, y afirma que «no podemos ignorar que el futuro de la natalidad, de la familia y el desarrollo de nuestra sociedad, se encuentra en manos de esos jóvenes entre 18 y 35 años».

En el horizonte de estos jóvenes, el trabajo y la familia son indudablemente unos de los campos principales, porque son fuentes de felicidad. Pero los horarios laborales, el tipo de relaciones laborales y algunos cambios culturales que vienen produciéndose en España en las últimas décadas, hacen que tener hijos y trabajar fuera de casa sea considerado como algo propio de héroes.

Y la profesora López, reflexiona en los siguientes términos: «La pregunta que debemos hacernos es ¿qué valores sociales e individuales estamos adoptando si anteponemos la carrera profesional al hecho de tener hijos?, ¿en qué valores creemos? Igual que la maternidad y/o paternidad no puede y no debe ser un obstáculo para que tanto la mujer como el hombre desempeñen un trabajo remunerado, el ejercicio de un trabajo remunerado no debe ser un obstáculo para el ejercicio de la maternidad y la paternidad, que implica no sólo tener hijos sino también educarlos».

No podemos aceptar sin rubor que una sociedad que se considera desarrollada, impida a una generación completa de jóvenes tener los hijos que desee y además hacerlos compatibles con un trabajo remunerado. Todos deberíamos reflexionar sobre ello. Esta generación de milenials no solo sufre las consecuencias de la crisis económica, también soporta los efectos de una crisis social y cultural mucho más profunda y perjudicial, cuyo origen está en la pérdida de valores sociales y personales, que además ha sido eliminada del debate social y político.

La conciliación es la palabra mágica que utilizamos como solución a todo esto, y aparece en todos los programas electorales y programas de gobiernos. Pero la conciliación no es un problema exclusivo de las mujeres. Este debate es muchas veces demasiado simplista, con mucha carga ideológica y excesivamente sesgado hacia la defensa de los derechos laborales de las mujeres, y no tanto como actuaciones dirigidas hacia las familias. La razón de ser de la política de conciliación debería ayudar a estos jóvenes a equilibrar el uso del tiempo, respetando los derechos de todos los miembros de la familia: el de la madre y el padre a tener un trabajo remunerado, el de los hijos a estar con sus padres y el de la pareja a disponer de espacios de comunicación para su estabilidad como pareja.

El apoyo a la maternidad/paternidad, la flexibilidad del horario, la racionalización de los horarios laborales, la posibilidad de la jornada continua o a tiempo parcial, la reducción de la jornada o el teletrabajo, son elementos fundamentales que las empresas deben desarrollar -y muchas desarrollan- para una verdadera y eficaz conciliación de la vida laboral y familiar. Se ha avanzado en este campo, pero queda mucho por hacer. Y, aunque la legislación española ha elevado a la categoría de derechos los diferentes instrumentos de conciliación de la vida personal y labora que hemos citado, éstos han sido insuficientes debido a las deficientes prestaciones económicas que los sustentan.

La ONG Acción Familiar Euskadi, celebra entre el 16 y el 21 de octubre la Semana de la Familia, con diversos eventos centrados en las políticas familiares. La entrega de los Premios Familia Euskadi 2017, pretende hacer un llamamiento a toda la sociedad para el apoyo a la conciliación entre trabajo y familia, que permita aumentar la natalidad y la calidad de la educación de los hijos, mejorando la estabilidad familiar. Son muchas las empresas que se han comprometido de modo concreto y práctico con este objetivo, y desde aquí se lo agradecemos, y para aquellas que observan con reticencia esas medidas, sirvan estas letras para recordarles su responsabilidad. Además es preciso que las Administraciones Públicas apoyen sin miedo la familia, dotándola de prestaciones económicas suficientes, para que la posibilidad de tener hijos y educarlos sea real.

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