El factor Macron

El presidente Trump está de nuevo en Europa, apenas unos días después de haber hecho una visita a Polonia y asistido a la tumultuosa y nutrida cumbre del G-20. Ha vuelto para recordar con los franceses el enorme sacrificio nacional de la I Guerra Mundial. El aniversario se celebra en Francia con toda solemnidad y un tono de homenaje a los caídos y de canto a la solidaridad trasatlántica. Tal vez los franceses, con el imaginativo presidente Macron en cabeza, piensan que una estancia cálida, personal y con cierto papel para las esposas ayudará al imprevisible Trump a ver y valorar las cosas de otro modo, el que corresponde a aliados que ya se ayudaron decisivamente hace cien años. Por azares del calendario, Trump llegaba a París apenas concluido el consejo de ministros franco-alemán con que el dúo Merkel-Macron recordó también el evento y confirmó la gran sintonía política y social entre París y Berlín en estos días de confusión en el proceso de unidad europea. La operación, pues, es todo un un ejercicio diplomático a tres bandas. Y Macron, de paso, se convierte en un interlocutor cercano de Trump y en algo así como un portavoz europeo con buena entrada en la Casa Blanca. Algo es algo.

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