Euskadi, espacio propio en la construcción europea

JOSÉ MANUEL BUJANDA

El futuro nos apremia, sí. El lehendakari Urkullu levanta la vista y mira al futuro de la historia a medio y largo plazo. Lo ha hecho muchas veces, y presumo que lo seguirá haciendo con perseverancia, sensatez y esperanza blindada al desánimo. No es tarea fácil. Es arriesgar y apostar, intentar y seguir acertando. El lehendakari con esa actitud no arranca de la nada ni comienza de cero ni inventa nada nuevo, al contrario, pretende seguir siendo un eslabón más en la larga cadena de la historia alambicada de la Euskadi de los vascos. Es coherente con la política de elevar la vista a la lontananza y que está en consonancia directa con, por ejemplo, la posición que el lehendakari trasladó a 25 embajadores en Madrid el 11 de enero cuando les propuso articular la participación efectiva en la gobernanza europea de los gobiernos que representan a realidades nacionales sin estado y cuando así mismo reclamó que esas realidades nacionales puedan convocar consultas para conocer la opinión de su ciudadanía.

Recordemos, en 1916 una delegación vasca participó en Lausanne en la Conferencia de las Nacionalidades, expresando que «el País Vasco tiene necesidad de demostrar que existe, de ponerse en contacto con las nacionalidades de Europa para tomar parte en los grandes problemas de orden jurídico internacional». Hace ya tiempo el primer lehendakari de Euskadi, José Antonio Aguirre, político europeísta que por méritos propios trasciende a su época y representante genuino de la faceta más moderna del nacionalismo vasco, fue testigo de una Europa que afrontaba la tragedia y el desgarro de la guerra, intuyó que el futuro debía de construirse sobre países, pueblos y naciones. En esa visión anticipatoria, más allá de lo que entrañaba desde el punto de vista de la paz y la convivencia entre los pueblos, la construcción de Europa significaba sentar las bases que iban a hacer posible la construcción nacional de Euskadi en un contexto moderno, abierto y solidario.

Alemán Amundarain

Un siglo después de esa conferencia, se vuelve a plantear por el lehendakari Urkullu que el protagonismo decisorio se comparta con los pueblos y naciones que integran la UE. Clave para vertebrar el proyecto y conectarlo con la ciudadanía en un proceso ascendente es recuperar los principios fundacionales para construir una federación de naciones y pueblos en torno a un proyecto político compartido.

Bien sabe el lehendakari que a pesar de ser el de un pueblo pequeño, es también el de un pueblo abierto y acogedor que no olvida sus raíces y que mantiene el espíritu de comunidad vasca atesorando vocación y ambición abierta al mundo. Y para ello los responsables institucionales y políticos deben formar parte de las soluciones acordadas y no de los problemas. Se cuentan para ello modelos, cercanos y recientes, para arbitrar soluciones acordadas que conjugan el principio de legalidad y el de legalidad y el democrático. Es, por ejemplo, la Ley de Claridad en la relación entre Quebec y Canadá, o el acuerdo de referéndum legal y pactado entre Escocia y Reino Unido. Consultas que han permitido a la ciudadanía expresarse y comprobar que su opinión ha sido tenida en consideración, consultas que constituyen un precedente de resolución civilizada, constructiva y democrática de una discrepancia. Me consta que el lehendakari está ello, su larga mirada lo confirma, es su apuesta. Apuesta por una UE de gobernanza multinivel, abierta a una estructura basada en el principio de subsidiariedad que permite un reparto de competencias y soberanía.

Apuesta por una UE capaz de aunar los elementos positivos de los modelos confederales y federales, construida de abajo arriba y que base su unión en el reconocimiento de la diversidad de los pueblos, naciones y culturas que la integran. Apuesta europea cuyo objetivo de convivencia entre identidades diferentes se puede alcanzar asumiendo el concepto europeo de cosoberanía o soberanías compartidas. Apuesta inteligente por reivindicar un espacio vasco propio en la construcción del proyecto europeo que habilita cauces legales para que las comunidades políticas que mediante decisión expresa de sus instituciones parlamentarias de autogobierno quieran consultar a la ciudadanía.

La UE requiere de soberanías compartidas, cosoberanías solidarias y de multilateralidades respetuosas, democráticas y eficaces. Es ahí donde Euskadi sitúa a UE como una de las prioridades en materia de acción exterior. La internacionalización es uno de los retos de país que Euskadi tiene cara al futuro, reto que reta a ser un activo creciente de, para y en Euskadi. Estrategia de Internacionalización, ‘Euskadi Basque Country 2020’ que compromete 1.900 acciones ligadas a la proyección exterior vasca en ámbitos económicos, sociales, políticos, culturales y deportivos con un presupuesto de 220 millones de euros destinados a reforzar un papel activo de Euskadi fuera de nuestras fronteras cara a la UE y al mundo global. Internacionalización que aspira a proyectar en el exterior la identidad vasca, su cultura, valores y un modelo de convivencia basado en la cohesión social y la solidaridad. La internacionalización es un bien común que nos beneficia y necesita. Un pueblo pequeño, como el nuestro, avanza sumando. Euskadi Basque Country. Sea pues.

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