Euskadi compartida

La construcción de las naciones es un proceso abierto que depende de la voluntad de su ciudadanía. Nada se impondrá en Euskadi, nada se vetará en Madrid

Euskadi compartida
JOSÉ MANUEL BUJANDA

Euskadi, nación vasca, la construimos entre todos con el trabajo cotidiano. La hacemos más y mejor uniendo voluntades, integrando voces en torno a un proyecto común. Es la mejor manera. Porque la formación de las naciones es un proceso abierto que depende de la voluntad de su ciudadanía. Euskadi vive momentos políticamente esperanzadores y ello afecta en positivo al conjunto de la sociedad vasca, a sus mujeres y hombres. Euskadi, colectivo de vascos imperiosamente necesitada de normalizar definitivamente la convivencia política entre vascos dispares y que busca la definitiva construcción de un escenario compartido en su pluralidad. Para ello y como premisa prepolítica será inapelable la utilización exclusiva de procedimientos estrictamente democráticos. Y será incuestionable la lealtad recíproca en exigir respeto para los vascos que queremos ser sólo vascos y para los que quieren ser además también españoles. Avanzaremos respetando las reglas de juego vigentes antes de que ellas puedan ser cambiadas. Se tenderán manos y estrecharán sin amagos.

Se aceptará con naturalidad que el nacionalismo vasco responde a la legítima voluntad de amplias capas de la sociedad. Y no habrá problema en abordar con naturalidad el que haya percepciones diferentes que contemplen cuestiones tan enredadas históricamente entre 'lo vasco' y el concepto unívoco de España. Se percibirá con normalidad que haya percepciones diferentes, todas legítimas, respetable y con el mismo calado democrático en referencia a aspectos socio-políticos que definen los diferentes grados de conciencia nacional vasca, española o vasco-española y europea. No habrá que mirar nunca jamás a si se entreabre o no la ventana a la esperanza del mañana. Seguiremos afrontando con decisión y en toda su dimensión los problemas inherentes a la sociedad que nos ha tocado vivir: paro y vivienda, inmigración y marginación, sanidad y educación, innovación y tecnologías, juventud y tercera edad, ocio, igualdad de oportunidades, violencia de género, infraestructuras, transporte, movilidad y medio ambiente, Europa, interculturalidades y un muy largo... etc. Los políticos vascos se centrarán en ello y lograrán el triunfo de la política como instrumento para la resolución de las discrepancias políticas por severas que sean. Se reformará lo que haya que reformar si la sociedad vasca así lo pacta y decide. Seremos coherentes, lo que exigimos para nosotros lo aplicaremos en casa. Aplicaremos el pluralismo recíproco, y la legitimidad exigida a España demandando respeto a nuestra idiosincrasia plural cual vascos que somos en la piel de toro se aplicará recíprocamente en una Euskadi que es de todos, porque todos somos Euskadi.

Buscaremos y encontraremos entre todos nuevos espacios de encuentro compartidos. Se respetará la palabra y la voluntad acordad y expresada por la sociedad, decidiendo, acordando, negociando y pactando, en primer lugar aquí entre nosotros y con el España después. Se negociarán consensos y acuerdos acerca del derecho a decidir, nada se impondrá en Euskadi, nada se impedirá ni vetará en Madrid, al contrario, los representantes de la ciudadanía española harán gala de madurez democrática y darán por bueno el acuerdo compartido logrado entre vascos. Actuaremos con pragmatismo, inteligencia y astucia, no confundiremos principios con coyuntura, caminaremos con paso de buey que bordea la montaña camino de la cima. Y no se tratará de dilucidar todas las mañanas ante el espejo político quién es capaz de subir más el diapasón lírico abertzale. Avanzaremos y mejoraremos solidariamente la nación vasca, en paz, sin violencias, con normalidad, convivencia y altura de miras.

Lo máximo no podrá convertirse en enemigo de lo bueno, ni lo óptimo de lo posible. Ojalá que un nuevo paisaje sociopolítico, ético y humano se concrete más pronto que tarde, sin involución alguna posible. El transcurrir de la historia, el desarrollo de su cronología, tiene sus leyes, son inapelables en cuanto a la necesidad de estar, coincidir, acordar, participar y decidir en el momento oportuno. Nuestros mayores en épocas difíciles y oscuras lo lograron con audacia y coraje, resistieron con inquebrantable fe hasta legarnos lo presente. Mejoremos este legado para hijos y nietos... y que éstos puedan con orgullo hablar bien de nosotros. Como vasco, testigo de la transformación sufrida por la sociedad de la mano del Estatuto, pero testigo también de graves carencias de proyectos comunes compartidos a futuro, abogo por ejercicios de la reciprocidad, por un mañana basado en el respeto a la voluntad compartida por la ciudadanía vasca. Son tiempos de negociación, transacción, bilateralidad, soberanías compartidas, cintura, visión larga a futuro y responsabilidad participada. Sin exclusiones ni tahúres. Camino compartido.

Comparto con Daniel Innerarity la reflexión de que lo razonable a la hora de construir un marco de convivencia en una sociedad plural no es acordar una votación sino votar un acuerdo y que cuando en un mismo espacio conviven sentimientos de identificación nacional diferentes el problema no es el de quién se alzará finalmente con la mayoría sino cómo garantizar la convivencia, para lo cual el criterio mayoritario es de escasa utilidad, porque...¿por qué es más democrático votar, cuando negociar y acordar es una operación que permite integrar a muchas más personas en la voluntad popular?

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