Estabilidad frente a incertidumbre

La gran recesión nos ha obligado a convertirnos enuna economía global, mucho más interconectada y afectada por acontecimientos que escapan a nuestro control directo

ROBERTO LARRAÑAGAPresidente de confebask

Desde Confebask venimos repitiendo desde hace tiempo ya que si alguna lección hemos extraído de la crisis es que la incertidumbre ha venido para quedarse y que no nos va a quedar más remedio que acostumbrarnos a los sobresaltos. La gran recesión nos ha obligado a convertirnos en una economía global, mucho más interconectada, y por lo tanto, mucho más afectada por acontecimientos que escapan a nuestro control directo. Y sin embargo parece que, de momento al menos, sabemos resistir. ¿Dónde creo que está la clave?

Hagamos un poco de memoria. Desde hace diez años se vienen sucediendo 'tormentas' violentas de consecuencias desconocidas que han amenazado nuestra estabilidad y nos han sometido a un violento 'zarandeo'. A bote pronto se me ocurren varios casos: como el rescate de países, entre ellos el del sistema bancario en España cuya solvencia quedó en entredicho; quiebras financieras sonadas, dudas sobre la viabilidad del euro que hicieron temblar los cimientos de Europa, brecha social, convulsión, aparición de populismos, etc. Y ahora que con la recuperación lo peor parecía haber pasado, vuelven a asomar nuevos peligros que insisten en agitar las aguas por las que navegamos.

Por citar sólo algunos ejemplos: la llegada de Trump al poder en Estados Unidos y su recién abierta guerra comercial con Europa, Canadá, México y China; el conflicto en Oriente Medio con Irán, Israel y Palestina que han desestabilizado la zona y de paso alimentado los aires de guerra; en Venezuela la crisis económica y humanitaria amenaza con dejar sin recursos a la gente y arruinar el país; en Argentina el Gobierno se resiste a una bancarrota que casi todos dan por hecho..., una vez más.

Y en Europa, primero fue el 'Brexit', luego las elecciones en Francia con Marie Le Pen a punto de llegar al poder, el ascenso de la ultraderecha en Austria y Alemania; y la pujanza del populismo en Italia. En España, la enorme controversia abierta con Catalunya ya amenazaba la estabilidad, pero ha sido la sentencia judicial del caso 'Gürtel' la que ha terminado por dar la puntilla. Las sacudidas son lo suficientemente profundas y globales como para pensar que Euskadi podría quedar al margen. Y desde luego, no lo hace, aunque como decía antes, tampoco ha impedido que hasta ahora la recuperación económica del país haya continuado a buen ritmo. Es verdad que con cada una de las crisis recientes prácticamente todos pensábamos que íbamos a sufrir consecuencias desastrosas. Pero, pese a todo, a posteriori, comprobamos que los daños son menores a los previstos: serios, sin duda, pero no lo que se vaticinaba. Parece que el barco aguanta.

De hecho, desde Confebask -de momento al menos- mantenemos para Euskadi la previsión de un crecimiento pujante para este año, en el entorno del 3%, y la reducción inminente del paro a tasas inferiores al 10%. Acabamos de conocer que ya tenemos unas cifras de ocupación parecidas a las de antes de la crisis... y creciendo; y que la contratación indefinida avanza con mayor fuerza de la que incluso ya preveíamos. Ciertamente habrá cosas que mejorar para impedir que en esta recuperación nadie se quede atrás, pero por primera vez en una década, parece que las cosas nos van razonablemente bien. Incluso, podríamos decir que nos hemos acostumbrado a afrontar con algún éxito buena parte de las grandes incertidumbres que nos acechan.

Desde mi punto de vista, el 'secreto' para resistir en entornos tan impredecibles e incluso agresivos como el actual reside en un factor que hemos sabido promover con especial ahínco: la estabilidad. O dicho de otro modo: un barco en el que el puente de mando y la tripulación saben trabajar juntos para 'capear el temporal'. Tal y como recordaba antes, de un tiempo a esta parte nos vemos periódicamente sacudidos por acontecimientos locales y globales que exigen acciones decididas, pero sobre todo consensuadas: un ejercicio colectivo de responsabilidad que contribuya a que, a pesar de navegar por aguas turbulentas, el barco se mantenga a flote. La inercia servirá durante un tiempo... pero sólo durante un tiempo.

En Euskadi hemos sabido promover la estabilidad institucional, el trabajo en común y la colaboración público-privada, algo que nos ha llevado a «construir sobre lo construido» y aprovechar lo hecho por otros. En definitiva, un ejercicio de responsabilidad colectiva que ha mantenido y promovido las políticas necesarias para nuestro desarrollo como país hasta situarnos a niveles europeos. Y es algo que -es importante resaltarlo en los tiempos que corren- se ha hecho con prácticamente todas las siglas políticas de nuestro país. A mi entender, el riesgo actual proviene de, precisamente, olvidarnos de esa peculiar tradición. Quizá más importante que la tormenta, sea saber establecer un rumbo colectivo y mantenerlo con serenidad y espíritu de acuerdo. Ojalá en estos momentos de incertidumbre sepamos apelar al trabajo en común y la concordia. De momento, la inercia nos mantiene en pie. Y eso, para empezar, no está nada mal... pero pudiera no ser suficiente.

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