España como zoco

LUIS HARANBURU ALTUNA

Cuando los españoles viajan a Marraquech, Estambul o El Cairo suelen visitar el zoco de la ciudad para comprar alguna ganga y sentirse rico y superior ante la variopinta oferta de los mercadillos árabes. Es un típico desahogo vacacional que es una manifestación de nuestro supremacismo europeo. Un zoco es un mercado donde prima el regateo y el cliente se siente afortunado cuando el vendedor cede y rebaja el precio de sus artículos. El zoco es el lugar donde la astucia del turista doblega al mercader. La supuesta astucia se reduce, sin embargo, a una mera ventaja. Una ventaja derivada del oportunismo y la necesidad del mercader. España es para los nacionalistas el zoco donde su ventajismo obtiene auténticas gangas a precio de saldo.

La imagen del zoco y el astuto ventajista, me viene tras la aprobación de los Presupuestos del Estado y el rifirrafe a cuenta del voto favorable de los jeltzales a la moción de censura a Rajoy. El PP ha dado por roto el pacto que a raíz de los PGE suscribió con el PNV e insinúa la posibilidad de revisar algunas partidas presupuestarias logradas por el PNV. En los próximos días se conocerá el resultado de las enmiendas en el Senado, pero el PNV se duele ya de lo que considera una venganza por su apoyo a un nuevo Gobierno. Gobierno que, por cierto, ha roto todas las expectativas tremendistas de quienes considerábamos a Sánchez como el émulo del personaje Victor Frankestein. La 'venganza'del PP no parece que vaya más allá de algunos flecos. La mayor parte de los 540 millones de los que el PNV alardeó como un botín se mantendrán debido al carácter estratégico del Tren de Alta Velocidad

El PNV ha manifestado su enfado por boca de Urkullu y de Ortuzar ante la eventual rebaja del botín. Ha aducido razones éticas para su cambio de criterio, pero a nadie se le escapa que ya, antes de la sentencia Gurtel, era una evidencia el carácter sistémico de la corrupción del PP. El PP ha sido desalojado del Gobierno y bien está lo que bien acaba, pero el PNV no puede alardear de responsabilidad ética cuando ha primado su interés táctico en impedir una elecciones que hubieran puesto a cada cual en su sitio. La investidura de Sánchez es legítima y democráticamente impecable, pero más lo hubiera sido el veredicto de las urnas.

Cuando el portavoz jeltzale argumentó su cambio de pareja, negándose a seguir bailando con el corrupto PP, comenzó su parlamento exclamando con ironía: «Vaya con la gran nación española», expresando así el desprecio que España le inspira y el supremacismo de quien se sabe superior. El desapego a España de Esteban corresponde a la ideología supremacista del nacionalismo vasco que considera a España una democracia de inferior calidad. Para el nacionalismo vasco y catalán, España es tan solo un zoco donde poder acaparar privilegios y beneficios a precio de ganga. Pero sería un error por su parte considerar que las gangas obtenidas se deben a su astucia o a la habilidad política, cuando tan solo son fruto del ventajismo. El ventajista no se cree en la obligación de cumplir sus pactos. Los nacionalistas se creen sujetos de todos los derechos y de ninguna obligación inherente al pacto. La cacareada 'palabra de vasco' se vuelve una impostura cuando tan solo se pretende obtener un botín.

Ya en 1978 cuando se negociaba la Constitución, el PNV logró la inclusión de la Disposición Adicional que salvaguardaba los derechos históricos, los constituyentes obraron de buena fe creyendo que así conseguían el apoyo del PNV, pero los jeltzales no solo no la apoyaron sino que en el referéndum llamaron a la abstención una vez logrado su botín. Goyo Monreal, en su magnífico ensayo sobre la génesis de la Disposición Adicional, señala el carácter táctico que inicialmente tenía. Aquella disposición táctica se ha convertido hoy en la estrategia medular de las actuales pretensiones soberanistas del PNV, olvidando el ventajismo de entonces. De nada sirve invocar la ética de la responsabilidad cuando se pretende que España es tan solo un zoco donde actuar con ventaja. La deslealtad al pacto no es una virtud sino un vicio político. La deslealtad política a la palabra dada, no puede escudarse en la astucia ni tampoco en el virtuosismo político. La democracia, al fin y al cabo, no es sino la lealtad al contrato que nos une.

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