Escocia insistirá

XABIER EZEIZABARRENAProcurador de EAJ-PNV en las Juntas Generales de Gipuzkoa

El Reino Unido se aproxima a encauzar su salida de la Unión Europea, tras celebrarse en 2016 el referéndum sobre el ‘Brexit’, con resultados significativamente diferentes entre Inglaterra y Escocia respecto de la cuestión europea. Siendo palpables las diferencias políticas y jurídicas entre el Reino Unido y España, resulta llamativo el permanente empeño del Gobierno de Rajoy por evitar comparaciones, cuando lo habitual es comparar aquellas situaciones que son diferentes.

En general, no solemos comparar lo que es igual. Pero, lo verdaderamente diferente entre ambas situaciones es la naturalidad política con que el Reino Unido ha planteado sus referéndums sobre Escocia y el ‘Brexit’, con un doble alcance, interno y europeo, de importantes consecuencias en ambos ámbitos y claramente interrelacionados, si consideramos la evidente voluntad escocesa de permanencia en la Unión Europea.

En el Reino Unido, hay quienes habían advertido de la escasa atención que el proceso europeo suscitaba en amplios sectores de Gran Bretaña. En Escocia sucede lo contrario, donde se aboga abiertamente por su pertenencia en derechos y obligaciones a la Unión Europea. Este aspecto es central en la actualidad, dado que la inminente salida del Reino Unido de la Unión Europea justifica la necesidad de consultar a la sociedad escocesa sobre su independencia, si se considera que su demanda de pertenencia a la UE se mantiene constante y creciente en las últimas décadas y en la actualidad.

La cuestión no es sencilla pero, en la estructuración interna del Reino Unido, se manifiesta como un auténtico reto o dilema que los políticos británicos y su sociedad quieren y necesitan dirimir para clarificar su salida de la Unión Europea y la negociación económica que deriva de la misma. En dicho proceso, el papel de Escocia y su visión ante el ‘Brexit’ vuelve a ser fundamental si consideramos que Escocia quiere formar parte de la Unión Europea y sus ciudadanos son europeos en la actualidad con plenitud de derechos y obligaciones.

Alemán Amundarain

Como es conocido, el referéndum planteado en Escocia abogaba, claramente, por la integración de una Escocia independiente en la Unión Europea.

Dado que el Reino Unido ha decidido ubicarse fuera de la Unión Europea, el choque político con la voluntad escocesa es evidente y requiere, también con naturalidad, un nuevo pronunciamiento de la sociedad escocesa como ha reiterado el Scottish National Party.

En cualquiera de las diferentes posibilidades abiertas, lo más adecuado es que la Unión Europea y sus instituciones se vayan preparando para cualquier eventualidad con el caso británico, evitando vetos absurdos y recordando que la ciudadanía de Escocia ostenta toda una serie de derechos y obligaciones como europeos, que quieren ver garantizados.

Frente a la opción de Rajoy y el PP por mirar hacia otro lado y aplicar de manera desproporcionada el famoso artículo 155 de la Constitución, resulta innegable el interés que despierta el debate europeo mediante la democracia directa frente al habitual estoicismo británico del pasado o frente a la habitual negativa de otros Estados para preguntar a sus ciudadanos sobre cuestiones de rango constitucional e identidad política. Curiosamente, lo que, según Rajoy y el PP, resulta inviable e incluso delictivo en el caso vasco o catalán, bajo las reglas de una Constitución española redactada en 1978, resulta perfectamente posible sin una Constitución escrita y bajo reglas previas al colonialismo en el caso de la relación interna entre Escocia y el Reino Unido, junto a la de ambas naciones con la Unión Europea. En suma, nos encontramos ante una cuestión de cultura democrática y visión de Estado por parte de una vieja democracia como la que gobierna Gran Bretaña desde hace siglos.

El escrutinio del referéndum de 23 de junio de 2016 sobre el ‘Brexit’ arrojó unos resultados significativos. En Inglaterra, un 53% votó por la salida de la UE y un 47% por seguir en la UE; en Escocia, el 62% votó por seguir en la UE y un 38% abogó por la salida. La ciudadanía de Escocia es titular de derechos y obligaciones como parte de la UE y quiere mantener dicha condición.

Lo previsible, en consecuencia, es que Escocia vuelva a preguntar a su población sobre su independencia del Reino Unido y sobre su permanencia en la Unión Europea. Un sano ejercicio de madurez democrática que delimite derechos y obligaciones entre naciones históricas y europeas.

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