El enemigo común

El impacto de la imagen de Rajoy como testigo ante la Audiencia Nacional está descontado en el electorado de centro-derecha

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

La imagen del presidente del Gobierno Mariano Rajoy sentado en el banquillo como testigo de la Audiencia Nacional podría ser un cambio de rasante en la legislatura pero coincide con un país en off, de vacaciones, en las que el goteo constante de escándalos parece ya dejar insensible cierto nervio moral. Además, para el sociólogo Jaime Miquel -que ha analizado la fractura generacional que supuso la irrupción de Podemos en la sociología del centro-izquierda en España- esta fotografía, el próximo miércoles, está en la práctica bastante amortizada para el bloque electoral del centro-derecha. «Su impacto será menor de lo que se puede suponer en términos electorales, casi todo está ya descontado, el PP está en 6,6 millones de votos porque ya se han pasado a Ciudadanos muchos de sus votantes del 26-J y otros están desmovilizados», sostiene este analista.

¿Y qué ocurre, mientras tanto, en el flanco del centro-izquierda? Hace pocos días han comenzado las conversaciones entre el PSOE y Unidos Podemos en husca de una mayor cooperación parlamentaria. Un primer deshielo que ha constatado las limitaciones entre ambas formaciones para compartir una dinámica común, si bien pueden explorar determinados territorios de acuerdo en temas sociales, sin tocar el 'hueso duro': el referéndum catalán. «Los electorados del PSOE y Unidos Podemos están muy aquilatados», opina Miquel, convencido que la incipiente colaboración entre el PSOE y Podemos será metabolizada sin problema por los votantes de los dos partidos. «Ambos electorados comprenden que hace falta el acuerdo contra el enemigo común que es el PP», recalca.

¿Y Pedro Sánchez? La opinión de Miquel es cáustica y nada complaciente: «Sánchez quiere ser presidente y nada más, otra cosa es el PSOE». En su opinión, el secretario general socialista puede incluso a llegar a impulsar una comisión para el estudio de un referéndum en Cataluña en el Congreso y plantear una moción de censura a Rajoy. Pero pronostica tajante: «El PSOE no es esto y saltará en mil pedazos». El episodio de la posible quita de la deuda financiera de Cataluña con el Estado podría ser revelador. El secretario de Organización del PSOE, el valenciano José Luis Ábalos, había sugerido como una reflexión personal la posibilidad de que se estudiara esa quita para Cataluña y otras comunidades. La reacción de los dirigentes territoriales del PSOE a este comentario ha sido fulminante. El vaticinio de Miquel respecto al socialismo es severo: «O se queda clavado en su lugar uninacional inmóvil del siglo XX, o muere en la política de otros. Una cosa es Sánchez y otra es el PSOE».

No obstante, ajeno a las críticas, el líder socialista se ha trazado un plan y está dispuesto a cumplirlo paso a paso y pese a quien pese. De entrada, junto al diálogo con Podemos, ha comenzado a tender puentes de complicidad hacia el PNV en torno a la 'plurinacionalidad', rechazada por el PP y cuestionada por los nacionalistas porque no incluye el derecho a decidir. Su encuentro con el lehendakari Urkullu y Andoni Ortuzar se encuadra en este espíritu conciliador, aunque los jeltzales desconfían de la 'plurinacionalidad' del PSOE porque temen que, pese al cambio retórico, se intente reeditar el 'café para todos' autonómico de 1978. Pero el debate sobre el modelo territorial ofrece dos narrativas: ruptura o reforma. Sánchez y Urkullu comparten con sus evidentes matices la segunda apuesta, no la primera.

Cataluña empieza a mediatizarlo todo. Jaime Miquel piensa que el gran resorte del PP ahora pasa por movilizar al electorado más envejecido. El órdago independentista se ha convertido en una fábrica de enemigos comunes. En todos los sentidos. Mientras, el PP intenta blindar con el PNV su relación 'preferente' que garantice cierta estabilidad. Y si hace falta, con el ministro Montoro envuelto en la bandera de los derechos históricos forales. Tras el acuerdo del Cupo, algunos sugieren este verano la posibilidad de algún movimiento muy discreto sobre los presos. Pero si algo le horroriza al PP en este asunto es que haya luz y taquígrafos.

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