Elogio de lo 'entre'

La consistencia de una sociedad se mide por su capacidad para reconocer las diferencias

JUAN AGUIRRE

En el título lleva la conclusión: 'La identidad cultural no existe'. Bajo este provocativo enunciado, el sinólogo y pensador François Jullien se adentra en un asunto tan vidrioso y aparentemente espeso como la identidad, idea fetiche a la que se aferran los más variados diferencialismos y que en nuestros días se reivindica por reacción a la uniformización del mundo y al universalismo enmascarador de intereses económicos y financieros.

Como cualidad esencial, hermética, como especie de 'motor inmóvil' del que derivarían todas las manifestaciones de una determinada comunidad, la identidad es un concepto inoperante. La cultura no tiene identidad, dice Jullien en su breve pero enjundioso ensayo, por la simple razón de que lo que caracteriza a una cultura viva es su posición abierta, permeable y permeante, siempre en cambio, nunca igual a sí misma; ya que de lo contrario, cuando deja de transformarse, se fosiliza y muere igual que las lenguas aisladas.

Cada civilización, cada pueblo, cada sociedad dispone de sus propios recursos culturales que no pertenecen a nadie pero están al alcance de todos. Recursos que crecen y se enriquecen con el mutuo contacto. Jullien presenta su propio ejemplo: europeo y uno de los mayores especialistas en civilización china, él no se reconoce dentro de una 'identidad cultural' francesa ni europea, pero asume con naturalidad e incluso con entusiasmo los recursos culturales que le vertebran por sus orígenes galos. Amalgamados con todo cuanto ha asimilado de China, sientan los cimientos de su personalidad cultural. Es decir: en la suma de esos recursos de Occidente y de Oriente, en el 'entre' fecundo donde ambos se unen, es donde reposa su originalidad y buena parte de su riqueza como individuo.

Hay otros que, sin negar todo valor a la noción de identidad, ponen el acento en lo positivo del diálogo intercultural. Contra quienes utilizan las identidades como arma arrojadiza, las 'identidades relacionales' se basan en los actos creativos y solidarios en provecho de uno mismo y del común. Tanto en aquella primera como en esta segunda interpretación lo que se afirma es el poder superior de la cultura (dinámica, constructiva, dialógica) sobre la identidad (estática, esencialista, ensimismada).

Con lo que llegamos a la nuez del asunto: el acto específicamente cultural es el creador. La consistencia de una sociedad se mide por su capacidad para reconocer las diferencias y habilitar espacios para lo común. Ámbitos de intersección. En lo que seamos capaces de construir dentro de esas coordenadas de confluencia se está jugando, desde hoy, el futuro de nuestra civilización.

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