Educación y democracia

MARÍA TERESA BAZO

Los acontecimientos políticos en España están siendo analizados, no sé si hasta la náusea, por todos los medios en sus diversos formatos tanto en el plano nacional como, obviamente con menor interés, en el internacional. Asimismo se analizan las consecuencias de la deriva separatista que empezó a visualizarse en Cataluña hace un tiempo sin querer llegar a pensar en qué podía desembocar, desde diversas perspectivas: jurídica, política, económica, ideológica, así como las rupturas producidas en el tejido social y en los planos personal y familiar. Hay que tener cuidado cuando se comienza a alimentar un monstruo como medio para obtener o aumentar votos, o como divertimento irresponsable cuando se trata de temas fundamentales. La historia muestra que cuando se le quiere parar ya no hay modo o los medios para ello resultan onerosos en todos los términos. Por eso la irresponsabilidad de los políticos elegidos por el pueblo y pagados con sus impuestos no puede quedar impune.

Un aspecto que a mí como socióloga más me interesa es el fenómeno del engaño sufrido, asumido, acogido con gusto, por las masas en las democracias liberales, porque no sucede solo en España, así como la utilización inmoral de las élites para su propio beneficio de los sentimientos de las masas. Y he recordado un artículo que escribí en 2014, rogando se me disculpe la autocita. Ante las declaraciones de los políticos catalanes, principalmente que promovían la secesión, afirmando la inocuidad de llevar a cabo ese intento puesto que la vida seguiría no sólo igual para los ciudadanos sino mucho mejor, y la fe ciega de parecer que muchas personas en esos moisés que debían llevarles a la tierra prometida donde mana leche y miel, me hacía la misma pregunta que se ha repetido tantas veces en Europa desde hace casi 80 años refiriéndose a Alemania: ¿cómo es posible que el país más culto de Europa se hubiera dejado arrastrar hasta el abismo? En las sociedades contemporáneas desarrolladas puede decirse que no existe el analfabetismo, se dan tasas altas de personas entre grupos de adultos jóvenes que alcanzan niveles elevados de instrucción, la utilización de internet es masiva entre esos grupos y no sólo entre ellos por lo que la información está al alcance de todo el mundo (como son los documentos públicos de organismos como la Unión Europea y otros). Ante los discursos falaces del separatismo, como ante tantas propuestas populistas, me preguntaba cómo era posible en nuestras sociedades que existan tantas personas con tan gran capacidad para dejarse engañar por cualquier vendedor de pócimas mágicas.

No estamos en la Edad Media, y la sociedad occidental ha pasado por diversas revoluciones. Creíamos que la racionalidad se impone sobre los impulsos o los sentimientos que son engañosos, y como cualquiera puede conocer por la historia y de la observación de la vida personal y social, las consecuencias de seguir impulsos o a mercachifles de ideas a ciegas, suele acarrear consecuencias trágicas tantas veces. En el tema que nos ocupa en poco tiempo se ha pasado de lo intrascendente a lo cómico para desembocar en lo dramático, y todo el mundo confía que no terminará en tragedia. Intrascendente porque podría juzgarse al principio que la posibilidad real de promover y alentar a las masas en la independencia unilateral de una parte de un estado de la Unión con lo que ello conlleva no se produciría. A lo cómico al escuchar los argumentos esgrimidos que eran totalmente contrarios a lo que dice el Tratado de la Unión y otros. No se podía entender que personas al frente de un gobierno y parlamento de una región próspera de Europa fueran ignorantes de las leyes y normativa de la Unión. Como al final han tenido que salir públicamente varias y diversas representaciones de la Unión a proclamarlo a los cuatro vientos. Pero a los que se han añadido los contra argumentos económicos de la fuga masiva de empresas, depósitos, e inversiones de capital extranjero a otras comunidades. El panorama que se dibuja es dramático. Las consecuencias en el aumento del paro, atención sanitaria, dificultad de obtener recursos para ayudar a los grupos que más puedan sufrir las consecuencias negativas de esas decisiones, son siempre trágicas y afectan siempre a los grupos menos formados, con menos recursos educativos, y menos alternativas de cambio.

En Gran Bretaña el ‘Brexit’, que iba a hacer más ricos a los ciudadanos ha abierto ahora los ojos a muchas personas y se ha reconocido que se les engañó. No todo el mundo sabe de Economía. Pero todo el mundo sabe leer y puede tener acceso a la información adecuada con inmediatez. No se sabe en qué desembocará todo esto, pero aquí o en cualquier sociedad europea, ¿hasta cuándo se permitirá que los políticos puedan utilizar impunemente no solo las medias verdades, sino claramente las falsedades y mentiras con las que saben encontrarán una masa dispuesta al seguimiento ciego de falsos profetas? Las sociedades democráticas han tenido en la educación el mejor aliado para su mantenimiento y desarrollo a fin de lograr el bien y bienestar de todos los ciudadanos en la libertad y la igualdad de todos. La educación de masas quizá está fallando en aspectos medulares cuando no produce suficientes ciudadanos bien informados y críticos capaces de no tolerar el mínimo intento de abuso sobre ellos, cuando se les humilla tratándoles como ignorantes y se les utiliza como a simples títeres para el logro de los intereses bastardos de sus élites.

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