Dragones y caballeros

Hace 500 años, después de la 'protesta' de Lutero siguieron siglos de odio y muerte

JUAN AGUIRRE

Una cancioncilla popular bearnesa dice: «Cuando Suhare aparece / el protestante se estremece. / Los mete a todos en prisión / después de gran persecución». El tal Suhare fue un sacerdote vasco que pastoreaba almas en Osse-en-Aspe, al pie del Pirineo. A la aprobación del Edicto de Fontainebleau por el que el rey Luis XIV de Francia dio por terminado el periodo de tolerancia, se obligó a todos los protestantes a convertirse. Quienes se resistieran a abjurar recibían la indeseable visita de los dragones, soldados de caballería que se alojaban en los hogares protestantes viviendo a su costa y cometiendo toda clase de abusos hasta obtener la conversión de la familia a la fe católica. A los dragones también se los denominaba 'misioneros con botas'.

Dado el arraigo del calvinismo en la Baja Navarra, este antiguo reino padeció duramente los efectos de las dragonadas. Y para velar por que no se avivaran nuevos focos, allí se destinó a sacerdotes combativos como el tal Joseph Suhare, todo un especialista en la caza de herejes. Sabedor de que seguían organizándose cultos clandestinos en los altos de montaña, el cura, armado y escoltado por sus feligreses, batía los montes para erradicar las 'plagas espirituales' de su parroquia. Más de una veintena de pastores protestantes fueron ejecutados por aquellos años. En premio a su labor 'cinegética', Suhare sería ascendido a vicario general de la zona. Pero su siniestra reputación quedó fijada en el folklore local a través de relatos y canciones como la citada.

Este episodio viene a recordar los siglos de odio y muerte que siguieron a la 'protesta' de Lutero hace ahora 500 años: la Guerra de los Campesinos en Alemania, las Guerras de Religión en Francia, la Guerra de los Treinta años por toda Europa... La historia del continente se escribe con la sangre derramada por la intolerancia de unos y de otros. Aunque también hay excepciones que nos concilian con nuestro pasado.

Ejemplo edificante es el del gobernador de la ciudad de Bayona durante la masacre de San Bartolomé en 1572, el vizconde de Orthe. Apremiado desde la corte parisina para que exterminara a todos los protestantes de su jurisdicción, respondió por carta en estos términos: «Señor, he comunicado la orden de Su Majestad a sus fieles habitantes y gentes de guerra de la guarnición y he hallado buenos ciudadanos y bravos soldados pero ni un solo verdugo: es por esto por lo que tanto ellos como yo suplicamos muy humildemente a V.M. que emplee nuestros brazos y nuestras vidas en cosas posibles». En Bayona no hubo asesinatos de hugonotes. Frente a los dragones, he aquí un caballero.

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