Despilfarro

Manuel Alcántara
MANUEL ALCÁNTARA

En medio mundo, que es más de la mitad, sigue habiendo niños comidos por las moscas y, lo que es peor, moscas comidas por niños, pero las estadísticas dependen siempre de quienes las encarguen. Todos sabemos que hay leyes ilegales, pero hay que acatarlas mientras no se promulguen otras nuevas. En eso estamos y vamos a seguir estando hasta que llegue el otoño, con sus manos de oro. El llamado desafío soberanista es lo más parecido a una rebelión, mientras en España se sigue batiendo la plusmarca de las mujeres asesinadas por sus parejas, ya sean novios, maridos o amantes, o quien ha tenido el gusto de conocerlas cuando parecía que eran otras y que iban a seguir siéndolo para siempre. En España se desperdician cerca de ocho millones de toneladas de alimentos y se tiran a la basura, cada año, uno tras otro. Los que venimos de otros tiempos, o sea, los 'niños de la guerra', que ahora somos puretas, no logramos comprender que la comida desechada cuesta 657.000 millones de euros al año, cifra que equivale al PIB de Suiza, pero a eso le llaman bienestar y el presidente de Marcas de Restauración, Octavio Lamas, que no es ningún lince, dice que al español medio le gusta consumir y comer y cenar fuera de casa porque echaba de menos la alegría anterior a la crisis.

En muchas casas españolas, cuando sobraba un mendrugo no se tiraba al cubo de la basura sin antes despedirlo con un beso. No hay que añorar aquellos tiempos, pero sí algunos de aquellos respetuosos modales. La cadenas de restauración generarán 153.000 empleos este año. Lo primero que aprendemos los nuevos ricos en alimentos es a echar 'barrigas de pobres'. Basta con asomarse a la calle para presenciar un desfile de abdómenes. Es gratuito.

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