Todos los derechos para todas las personas

LOHITZUNE TXAROLAEXPRESIDENTA DE LAS JUNTAS GENERALES DE GIPUZKOA Y RESPONSABLE DE CONVIVENCIA Y DERECHOS HUMANOS DE EA

Esta frase es fácil de decir, pero ¡qué difícil de conseguir! Sabemos que más que una realidad, es todavía una utopía. Pero sabemos también que nos ha llegado el momento de tratar este tema con valentía. Hemos de romper el hielo que nos ha mantenido hasta ahora en las trincheras para empezar un camino conjunto hacia la paz y la convivencia real. La sociedad vasca nos exige quitar la U a esa utopía, y dar lugar al respeto, a la empatía, a esa nueva realidad donde reconozcamos los derechos de todas las personas. Y esto lo tenemos que hacer entre todas, y con todos, pues cada quien tiene algo que reconocer, algo que poner encima de la mesa, que ha de ser cuidado y curado. Y es que todavía hoy hay muchos derechos vulnerados, muchas heridas que siguen abiertas, muchas víctimas no reconocidas. Un poema de Gabriel Aresti dice lo siguiente: «Etarren amek asko sufritzen dute, semeak hiltzen dizkietenean, eta batez ere semeek hiltzen dutenean» (las madres de los etarras sufren mucho, cuando matan a sus hijos, pero sobre todo cuando sus hijos matan). ¡Ay, si por lo menos reconociéramos este sufrimiento!

Afortunadamente, las madres no sufren ya cuando sus hijos (o hijas) matan. Desafortunadamente, esas madres, y padres, hijos e hijas, hermanos y hermanas, parejas siguen sufriendo porque esas personas han sido, son y todavía seguirán siendo injustamente juzgadas en una Audiencia Nacional que debió dejar de existir hace mucho tiempo. Afortunadamente, al sufrimiento de las madres y padres, hijos e hijas, hermanos y hermanas, parejas de las víctimas de ETA se les está dando reconocimiento y reparación. Desafortunadamente, su sufrimiento da pie a que algunos mantengan vigentes políticas basadas en la venganza.

¿No duele tanto el sufrimiento de la familia de Ibon Iparragirre como el de la familia de José Ignacio Iruretagoyena? ¿No es cualquier vulneración de derechos humanos lacerante e injusta? Ya es hora de poner vendas en las propias heridas, y en las ajenas. Mirarnos con los ojos de quien tenemos enfrente. Si queremos vivir en una sociedad justa, debemos combatir todas las injusticias. Y todos estos años nos han hecho creer que las toneladas de sufrimiento que hemos padecido han sido provocadas por una 'situación de excepción', y que las situaciones de 'excepción', merecen medidas de 'excepción'.

El fantasma que supuestamente creó esa situación de 'excepción' no existe ya. Pero aún hoy seguimos padeciendo los graves efectos de esa 'excepcionalidad'; a cada kilómetro, a cada tweet, a cada Altsasu. Y ejemplo claro de esto es la dispersión. La dispersión es indigna, aunque dignifique a las familias y personas cercanas de quienes la sufren. Se basa en la venganza, siendo una medida enfocada solamente a causar dolor y odio. No es legítima, y quienes la implantan y ejercen están vulnerando sus propias leyes. Podríamos alargar esta lista tanto cuanto tarda un viaje de ida y vuelta hasta el Puerto de Santa María o Fleury. Pero acaso ya es hora de cortar con estos alargamientos del sufrimiento. Es hora de que, pasado un invierno de odio, vivamos una primavera de convivencia.

Y en eso estamos trabajando. La sociedad vasca ha demostrado que es capaz de trabajar conjuntamente si la paz es el objetivo. Construimos paz a cada paso que damos. Porque nos merecemos avanzar con esperanza, y no con resquemor. Nos merecemos vivir de frente en lugar de espaldas. Nos merecemos actuar colaborando y no confrontando. Sirvan todas estas palabras repetidas cual mantra para darnos cuenta de que estamos preparadas; que como hiciéramos en París, mañana llenaremos las calles de Bilbao. Sirvan para tomar consciencia de que cada gesto de cada persona es un paso más en el camino hacia la paz. Sirvan para que «todos los derechos para todas las personas» sea una realidad.

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