Nuestro derecho a vivir sin miedo

MIREN ELGARRESTADirectora del órgano para la igualdad de mujeres y hombres

El miedo es el principal mecanismo que impide cambiar las cosas. Por miedo a perderlo, quien se considera superior se aferra a su poder y lo defiende con todas las armas y herramientas de que dispone; por miedo a las consecuencias, quien lo padece se inhibe en la lucha por superarlo. Por miedo se muere y se mata; por miedo se sufre.

Como cada año, el día 25 de noviembre nos recuerda que algo más de la mitad de nuestra población vive en una cultura de la desigualdad y, por lo tanto, en la cultura del miedo. Nos lo recuerda, o si se prefiere, nos pone delante del espejo de esta realidad, porque, aunque a veces la violencia se nos presenta circunscrita al contexto individual, es la expresión más rotunda, más dolorosa, de una realidad colectiva.

Revertir esta situación es una tarea inaplazable, en la que toda la sociedad está interpelada. No hay ámbito de interacción humana que no deba revisar sus hábitos y costumbres, las prácticas escritas y las ocultas, sobre las que se tejen las relaciones entre hombres y mujeres, porque todas ellas parten de la desigualdad estructural que padecemos. Lo mismo nos ocurre en el ámbito individual, porque todos y cada uno de nosotros y nosotras podemos ser parte activa de la solución; de no hacerlo, debemos asumir que somos parte del problema.

Como Institución, como representantes de la ciudadanía y como depositantes de su confianza para articular las herramientas de las que debemos dotarnos para asegurar la convivencia, la Diputación Foral de Gipuzkoa ha fijado su objetivo en el fomento de una cultura que enfrente el miedo, tanto personal, como el colectivo. Por ello, trabajamos ofreciendo herramientas concretas que hagan frente a la violencia y a los prejuicios que la sostienen.

Nuestro compromiso es claro: no queremos en nuestras ciudades y pueblos niñas, jóvenes y mujeres obligadas a ser valientes; no queremos chicos, jóvenes y hombres que repitan patrones violentos. Queremos ciudades y pueblos seguros y amigables para todas y todos.

Tras la aprobación el pasado año el Plan Aurre! I Plan Foral para enfrentar la Violencia contra las Mujeres, recientemente hemos aprobado el Protocolo Institucional de Repuesta Pública ante la Violencia contra las Mujeres, con un doble objetivo. Por un lado, atacar los prejuicios y dar forma a un modelo de respuesta que, simultáneamente, denuncie y active, y por otro, ofrecer cauces de expresión de rechazo y de acción a la sociedad. Hemos desarrollado normas y planes pioneros para hacer frente a la violencia contra las mujeres, y con este Protocolo, ofrecemos una herramienta más para encauzar la expresión y la acción, tanto internamente, activando y sistematizando los mecanismos internos de la propia Institución, como externamente, aportando al conjunto de la sociedad acciones y canales para su participación.

El miedo, la violencia y la desigualdad son límites para la libertad, individual y colectiva, de todas las mujeres, y por lo tanto, de toda Gipuzkoa. No podemos permitirnos vivir en una sociedad que prescinde de la ciudadanía plena de la mitad de su población, y a eso nos enfrentamos cuando hablamos de la violencia contra las mujeres. Frente al miedo sistemático, trabajemos por construir la libertad colectiva.

Estamos frente al mayor desafío de nuestra generación, porque estamos frente a la oportunidad histórica de construir un mejor futuro para toda Gipuzkoa.

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