DA! Un año más

No se conoce lo que no se ve, aunque exista. Y la Durangoko Azoka merece una visita, aunque solo sea para constatar de primera mano el dinamismo actual de la cultura vasca

TOTI MARTÍNEZ DE LEZEA

De nuevo se abren las puertas de Landako para celebrar la gran fiesta de la cultura vasca, la Durango Azoka, la Feria del Libro y Disco vascos, cuyo lema en esta ocasión es ‘Sormenaren lurraldea DA!’ (El universo de la creatividad), que, en boca de la presidenta de la Asociación Gerediaga, organizadora del evento, representa cinco elementos: creadores, público, infraestructura necesaria, tejido cultural y políticas culturales adecuadas. Durante cinco días, desde hoy hasta el 10 de diciembre se presentarán 400 novedades y tendrán lugar más de 200 actos de todo tipo: encuentros literarios, música, teatro, proyecciones, talleres y actividades infantiles.

DA! es el único escaparate en el que puede verse reunida en un mismo espacio la producción literaria y musical exclusivamente vasca que apenas tienen visibilidad el resto del año, en euskera, también en castellano, en francés, e incluso en otros idiomas. Hay cabida asimismo para el teatro y el cine, los conciertos en directo, los encuentros literarios, el bertsolarismo, los cuenta-cuentos, la artesanía y demás expresiones artísticas realizadas por numerosos creadores que casi nunca reciben la atención debida. Porque, seamos sinceros, de los cinco elementos que según los organizadores componen el «universo de la creatividad» a menudo falta uno: las políticas culturales.

Cultura viene del latín y significa «cultivo», en un principio cultivo del campo, transformado más tarde en cultivo de la mente, y dicha labor en todos sus vertientes es obra en general de asociaciones, grupos, personas individuales y anónimas que se empeñan en crear, transmitir e ilusionar. Es cierto que en nuestras capitales existe una gran oferta de eventos, congresos, jornadas, o como se les quiera llamar, bien dotados económicamente, en los que puede escucharse a escritores reconocidos nacional e internacionalmente, intelectuales, músicos y cantantes de fama, lo cual está muy bien pues el conocimiento abre las mentes, y sería un error limitarnos a nuestro pequeño universo por mucho que nos complazca. Sin embargo las y los creadores de nuestro entorno, y son muchos, raramente obtienen el apoyo de las instituciones hasta no haber demostrado que, en efecto, pueden ser útiles, y aun así.

La Durango Azoka celebra este año su cita número cincuenta y dos. Lo que comenzó sin ayuda alguna, gracias al entusiasmo de unos soñadores deseosos de que la entonces pequeña producción literaria y musical vasca fuera conocida, se ha convertido en una cita ineludible que ahora sí tiene cabida en la ocupada agenda de los responsables políticos y en los medios. Humilde en sus inicios, la hemos visto crecer encuentro tras encuentro gracias al tesón de sus organizadores, la colaboración de editoriales y discográficas y el apoyo del público, que se acerca a la antigua Tabira a disfrutar de una inmersión cultural inigualable y, al mismo tiempo, a pasear por sus calles, reencontrar viejos conocidos, hablar con los artistas, acudir a actuaciones musicales o a espectáculos teatrales. En ella tiene cabida todo tipo de libros: infantiles, para adultos, de viajes, ensayos, filosofía, poesía, historia, Naturaleza, fantásticos, testimoniales, antiguos y nuevos. El visitante también puede encontrar un pasillo entero en el que los creadores musicales presentan sus trabajos: rock, heavy, clásica, de canta-autor, pop, jazz, coros... Y un tercero en el que las Diputaciones, organismos y asociaciones varias muestran su producción cultural. Y todavía queda espacio para editoriales jóvenes y para quienes creen que su trabajo merece ser conocido: escritores e intérpretes que publican sus libros y discos pagando la edición de su bolsillo o por medio del crowdfounding tan en boga últimamente.

Han hecho falta muchos esfuerzos, momentos difíciles en los que no se vislumbraba un futuro, peticiones de subvenciones, antesalas, negativas, aceptación, para lograr convertir la Feria del Libro y Disco vascos en un referente de nuestra cultura. En el camino, han desaparecido un buen número de editoriales, sellos discográficos, artistas, autores, músicos. Aunque es cierto que la cultura es un derecho, también es cierto que hay que comer. Si un creador/a no puede vivir de lo que crea, tiene que dedicarse a otro oficio. Por esta razón me asombra, y emociona al mismo tiempo, contemplar el afán creativo que brota a raudales en Landako y alrededores durante estos cinco días con una producción de miles de libros y discos, muchos de ellos difíciles de encontrar en los respectivos comercios del ramo en los que, con suerte, algunos ejemplares ocuparán un lugar en alguna parte.

No se conoce lo que no se ve, aunque exista. DA! es un espacio que permite conocer la gran creatividad de este pueblo en un mundo globalizado; muestra su latente innovación artística, así como evidencia una personalidad propia inspirada en sus raíces, al tiempo que absorbe influencias externas igualmente válidas y enriquecedoras. La Durangoko Azoka merece una visita, aunque solo sea para constatar de primera mano el dinamismo actual de la cultura vasca.

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