Cupo vasco: oportunismo e impertinencia

El motivo principal de la intervención de Albert Rivera, el 23 de noviembre, fue su preocupación por cómo este cálculo iba a afectar a la igualdad entre los españoles

Cupo vasco: oportunismo e impertinencia
IÑIGO CALDERÓN Y FRANCISCO DE LA TORRE

El profesor de Historia del Pensamiento Político de la UPV Pedro José Chacón Delgado analizaba recientemente la posición de Ciudadanos sobre el Cupo. Lo hacía desde la perspectiva histórica del pensamiento liberal vasco -hasta ahora huérfano-, que siempre hubo y habrá. Todo esto nace fruto de la tramitación en el Congreso sobre la actualización del Cupo, donde muchos han criticado el oportunismo de los liberales. Sin embargo, sea o no oportuno el debate, resulta complicado criticar la oportunidad, y menos aún el «oportunismo» de Ciudadanos, cuando la elección de la fecha de tramitación la escogió el Gobierno de Rajoy y Montoro, acuciado por el PNV. Además, habría que aclarar la confusión de muchos, ya que allí no se debatió sobre la foralidad, o la Disposición Adicional 1ª de la Constitución, sino sobre el cálculo del Cupo. Es decir, la conversación de la Cámara Baja enfocaba a lo que los vascos pagan por las competencias ejercidas por el Estado.

El motivo principal de la intervención de Albert Rivera, el 23 de noviembre, fue su preocupación por cómo este cálculo iba a afectar a la igualdad entre los españoles, teniendo en cuenta que el nuevo cupo supone unos 300 millones menos al año para el Estado. El pensamiento de fondo se traduce en la idea de que un pacto fiscal es bueno, siempre y cuando se pide a todos en función de lo que son capaces de aportar. Porque, con esa recaudación, el Estado puede invertir en los servicios de todos. No obstante, dentro de los pactos fiscales buenos, como no hay situaciones ideales y nunca llueve a gusto de todos, el mejor es el que causa más bien a más personas, perjudicando el menor número de ellas. Esta forma de pensamiento moral consecuencialista, llamada utilitarismo positivo, fue acuñada a finales del XVIII y principios del XIX por el filósofo Jeremy Bentham, entre otros, y fue una de las fuentes del liberalismo ilustrado original. Este pensamiento se convirtió en político cuando las revoluciones de las colonias americanas y francesas abolieron los antiguos regímenes absolutistas.

¿Cuándo llega este liberalismo ilustrado a España y, concretamente, al País Vasco? El momento en que llega dicho pensamiento es difícil de precisar, aunque sí se conoce la fecha en el que llega a la política activa. La Pepa fue testigo de ello, pues cuaja en la firma de la Constitución de 1812 de las Cortes de Cádiz. Allí asistieron Miguel Antonio Zumalacárregui, un liberal, filósofo y aristócrata, hermano del otro Zumalacárregui, como diputado por Gipuzkoa; el durangués conde Francisco Ramón Eguía, militar diputado por Bizkaia; y Manuel Aróstegui, abogado diputado por Álava. Esta Constitución fue una auténtica revolución liberal e ilustrada, en la que se cimentó la soberanía nacional y no real, y se derribaron muchos muros sociales como el peninsular/colonial o el estamental. Lo más revolucionario fue cómo la tinta de la firma se compartió entre una masa de pecheros que pagaban impuestos y unos exentos -nobleza y clero- que tenían el privilegio de no hacerlo, así como territorios que, bien por hidalguía universal de iure o inmemorial, venían contribuyendo menos o nada a su población. La constitución liberal no trataba de extinguir los fueros, sino de tomar el contractualismo foral como modelo en las nuevas diputaciones.

¿Y qué quiere Albert Rivera ahora en el siglo XXI? Empecemos por explicar que elegir entre el sistema fiscal común y el sistema concertado es, siguiendo una expresión muy suya, elegir entre susto o muerte. Mientras que el sistema común es muy mejorable, el sistema de las Haciendas Forales también lo es. Y en esto último tienen que ver muchos aspectos con amplio recorrido en tribunales, como pleitos entre las haciendas forales y la común, ineficiencias en la lucha contra el fraude y un largo etcétera. Éstas son también formas de lograr que los que tienen más aportan menos. Por lo tanto, el fondo de lo que propone Ciudadanos es repensar el modelo fiscal e ir hacia una Hacienda Europea. Porque no podemos enfrentarnos a los paraísos fiscales o al fraude de las multinacionales, por ejemplo, si no cooperamos y nos coordinamos más y mejor entre todos. Ésta no era la discusión en el Congreso, la cual rondaba alrededor de dos ejes: a) Si el cálculo del Cupo era correcto, ateniéndose a criterios técnicos, y b) Si era transparente.

Puede resultar comprensible que el PNV no demande transparencia, en este caso, sin crear divisiones internas. Sin embargo, todo esto está provocando enormes contradicciones en las formaciones constitucionalistas. El PP, o más bien una parte de él, se abraza al foralismo alavés como el capitán abrazado al mástil de un barco que se hunde; el PSOE es un interrogante en sí mismo. ¿Por qué no íbamos a tener pues los liberales el derecho de proponer un modelo mejor? ¿Por qué no asumir que ya existe en España un gran proyecto liberal progresista que ha salido de la zona de confort para reformar aquello que podría funcionar mejor? Para algunos es oportuno y pertinente tener que hablar del Cupo con el objetivo de sacar adelante cualquier ley o reforma, mientras que hablar de la reforma de la LOFCA durante la ley del Cupo es oportunista e impertinente. Para los liberales, desde la búsqueda del mayor bien para la mayoría en cada caso, nos parece precisamente al revés.

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