¿Consenso o fractura?

La gran pregunta tras las elecciones del 21-D es si los políticos catalanes serán capaces de ganarse sus sueldos y hacer la mejor política posible, basada en la construcción de pactos

JOSÉ LUIS MARTÍProfesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Pompeu Fabra

Queda menos de un mes para las elecciones catalanas del 21 de diciembre, sin duda, las más importantes de la historia de Cataluña. No soy demasiado optimista respecto a que se encuentre una salida a la extrema situación política en la que nos vemos envueltos. Las encuestas nos dicen que no debemos esperar grandes cambios, especialmente si las leemos en términos de los dos grandes bloques, el independentista y el no independentista. Pero en el fondo nunca se sabe hasta el escrutinio. En lo que sigue voy a tratar de explicar las que, a mi juicio, son las tres claves principales que nos vamos a encontrar a lo largo de esta larga campaña.

Primera clave

¿Tendremos consenso o fractura? La sociedad catalana se encuentra profundamente fracturada y magullada, partida en dos mitades casi iguales en términos cuantitativos. Tras años de intensidad política creciente y de un debate público cada vez más árido, tenso y difícil, y tras un explosivo mes de septiembre que se iniciaba con la aprobación de las dos leyes llamadas «de desconexión», llegó el ‘Octubre Rojo’. El mes comenzó con un referéndum unilateral e ilegal de independencia, y con inmorales, ilegítimos y también ilegales abusos policiales, y siguió con varias semanas de infarto en las que a punto estuvimos varias veces de despeñarnos por un precipicio que conducía al infierno. Aún ahora en noviembre seguimos poniéndonos hielo en las contusiones. Por tanto, el primer objetivo de todos en estas elecciones debería ser encontrar las fórmulas de diálogo necesarias para alcanzar grandes consensos políticos que nos saquen de este callejón sin salida. Cataluña no puede seguir partida en semejante esquizofrenia de proyectos políticos sectarios y autistas, y de extremos que se radicalizan y fortalecen mutuamente. La fractura no es buena para nadie ni va a solucionar nada. Es el momento de buscar consensos y centralidad. ¿Serán capaces los políticos catalanes de ganarse sus sueldos y hacer la mejor política democrática posible, la que se basa en la construcción de consenso a través de la deliberación pública?

Segunda clave

En estas elecciones, más que nunca antes, se requiere altura de miras, grandes ideas y propuestas ambiciosas. Veremos qué programas presentarán los distintos partidos y sobre todo qué mensajes intentarán trasladar a la ciudadanía. Lo que está claro es que si las elecciones de 2015 fueron presentadas, al menos por algunos, como elecciones plebiscitarias, y prácticamente sólo se habló de independencia sí o no, no me imagino ahora ningún debate electoral en el que los candidatos entren a discutir cuál debería ser el modelo sanitario de Cataluña, o si debería incrementarse el impuesto de sucesiones. Tras el ‘Octubre Rojo’ en Cataluña nos encontramos en una situación política extrema. Es el momento de la gran política, y en este sentido se abren diversas incógnitas importantes.

¿Cómo van a resituar su discurso los partidos del bloque independentista tras todo lo acontecido? ¿Intentarán mantener la lógica del procés, y en especial la estrategia unilateral de los últimos dos años, a pesar de que parece estar agotada? ¿Mantendrán PDeCat, ERC y CUP, un frente común y cohesionado, o reaparecerán grietas y desacuerdos? La decisión de concurrir separados, más allá de los cálculos electoralistas, parece un presagio de lo segundo. Si esto es así, ¿dará alguno de ellos el paso de regresar al objetivo de un referéndum pactado, cosa que permitiría recuperar una mayoría social muy considerable? ¿O volverán a plantear que estas elecciones son de nuevo plebiscitarias con el objetivo de legitimar otra vez la independencia? Por otra parte, ¿qué discurso harán los partidos no independentistas? Es probable que arrecien las críticas a los líderes independentistas, acusándoles de irresponsabilidad en sus actuaciones de los últimos meses. Pero, más allá de ello, ¿presentarán propuestas constructivas de salida a esta situación tan compleja? Es previsible que el PSC defienda su iniciativa de reforma constitucional. ¿Qué harán Ciutadans y el PP?

Tercera clave

Pactos. Hay tres, y sólo tres, posibilidades de pacto de gobierno estable, que se suman a la posibilidad de un gobierno en minoría de ERC, el partido probablemente ganador de las elecciones. La primera, y con diferencia la más probable, es que se reedite un pacto de gobierno de las fuerzas independentistas. Pero es muy dudoso que dicho pacto sirva para avanzar en una solución al conflicto. La segunda sería un pacto de izquierdas que incluyera ERC, Comunes y la CUP, y al que el PSC tendría muy difícil sumarse. Pero tal vez la aritmética parlamentaria no alcance, y en todo caso políticamente es muy difícil. Finalmente, podría haber un gran pacto de concentración de todas las fuerzas centrales del espectro, que excluya a los dos extremos, es decir, un pacto de ERC, Comuns, PDeCat y PSC. Ese pacto sería capaz de reunir un gran consenso social centrista. Pero ¿qué propuesta permitiría aglutinar dicho pacto? No es fácil de ver. En cualquier caso, ha llegado el momento que los políticos asuman su gran responsabilidad democrática. ¿Serán capaces de construir consenso, o seguiremos en la fractura?

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