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ANÁLISIS

La ministra Báñez y el diputado general de Bizkaia instan a subir los salarios pero ni se plantean hacer aquello que está en sus manos

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Seguimos enfrascados en la interesante polémica de las subidas salariales. Todos los que no han creado un solo empleo y no tienen que subir ningún salario y muchos de los que sí tienen la responsabilidad de algunos salarios, aunque no hayan creado ningún empleo, están convencidos de que ha sonado la hora de incrementarlos.

¿Qué pasa, que solo pueden hablar de salarios quienes los pagan por haberlos creado? Claro que no, no se me enfade. De esto pueden hablar los que los pagan, los que los cobran y, también todos los demás. ¡Faltaría más!

El problema reside en que nunca somos conscientes de que las subidas de salarios no dependen solo de la voluntad de ninguna persona, ni siquiera del empresario. Al menos en el largo plazo. Es decir, si apretamos al empresario y le forzamos a subir los salarios, ya sea por la presión de los de abajo – los trabajadores–, o de los de arriba–los gobernantes–, es posible que lo consigamos. Pero, ¿cuánto durará la buenaventura? Pues depende. Si los márgenes obtenidos por esa empresa son suficientes, podrá ser duradera, en caso contrario puede conducir a la ruina de la empresa y a la pérdida de sus empleos.

Además, este principio general hay que ponerlo en relación con la situación española, en donde las pymes son más del 95% del total de empresas y en donde las microempresas son una buena mayoría. De éstas, dice la CEOE que el 40% sigue en pérdidas desde la crisis. ¿Qué salarios van a subir esa pléyade de autónomos que no emplean a nadie o esas empresas de cinco trabajadores, o menos, a las que los ingresos obtenidos no cubren los gastos incurridos?

Las estadísticas demuestran que son las empresas de mayor tamaño las que pagan los salarios más altos, pero como estas son perversas, nos dedicamos a fustigarlas con tipos fiscales más altos, condicionantes laborales más severos y la permanente sospecha de todo tipo de comportamientos inadecuados. Perfecto.

Luego hay otra cosa que me irrita. Hace unas pocas semanas, la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, se apuntó a la moda y reclamó una subida salarial general, una vez que el empleo se ha recuperado. En esta, el diputado general de Bizkaia ha llegado a la misma conclusión. No sé con exactitud a quién dirigían su petición, pero es evidente que debían hacérsela a ellos mismos en primer lugar.

Primero, porque el Gobierno central, junto con los autonómicos y las corporaciones locales, controlan el salario de todos los millones de empleados públicos, a quienes les pueden subir cuando y cuanto les de la gana. Nadie en la oposición se atrevería a criticar tan popular medida. En segundo, porque, el gobierno central puede rebajar la imposición sobre el trabajo cuando quiera.

Aquí hablamos mucho de los salarios netos, del dinero que nos llevamos a casa y muy poco de los salarios brutos, de lo que le costamos a la empresa. Y esa diferencia la regula el gobierno. Es decir, bastaría con rebajar las cotizaciones sociales o los tipos del IRPF para subirnos el salario neto a todos los trabajadores. ¿Ve que sencillo? ¿Han hecho o propuesto algo de eso la ministra Báñez y el diputado Rementería? Qué pregunta más boba, ¡Claro que no!

Como sucede siempre, hay un camino para subir los salarios con contundencia y para que resistan firmes el paso del tiempo. Y, como sucede siempre, ese camino es el más arduo, el más costoso. Consiste en que nuestro trabajo sea de mejor calidad, que las inversiones de las empresas sean mayores, que la innovación nos permita producir bienes y ofrecer servicios de mayor valor añadido, de tal manera que seamos capaces de incrementar su precio y que los clientes los acepten. Así sí. Así podemos subir los salarios sin miedo a perder los empleos.

Pero, como sucede ¡otra vez!, este es un camino que da una enorme pereza emprender porque supone un gran esfuerzo colectivo y necesita constancia. Y de eso somos más bien poco partidarios. El Gobierno central no va a rebajar las cotizaciones sociales porque no se atreve a subir el IVA y no subirá mucho el salario de los funcionarios, porque sabe que sus quejas serán soportables. Mientras que la Diputación vizcaína no discriminará positivamente a los beneficios que se reinviertan sobre los que se distribuyan, para tener mejores activos y mejores empleos. Con que no se eliminen las deducciones por inversión y por I+D ya podemos estar contentos.

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