El conde Libri

El aristócrata florentino se construyó un personaje teatral para encubrir sus fechorías

JUAN AGUIRRE

Una noticia que podría haberse considerado de Sucesos se coló entre las de Cultura: el robo de miles de documentos de valor histórico en distintos archivos vascos, para cuyo rescate la Ertzaintza puso en marcha una operación sin precedentes contra el expolio de bienes patrimoniales. Los hechos se han dado a conocer en los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco, de modo que ciencia e indecencia emulsionan en este caso que haría las delicias de Lucas Corso, el detective bibliófilo de 'El club Dumas' de Pérez-Reverte.

No es la primera ni será la última vez que salta a la actualidad un caso de ladrón de archivo o biblioteca, personaje de intrigante perfil que en poco se parece al ratero o el atracador al uso, sino que por lo general su retrato robot responde al de personas eruditas en cuyas tendencias cleptómanas se mezclan una pasión bibliófila casi fetichista con la codicia económica.

En la galería histórica de manilargos con esa especialidad hay uno particularmente extravagante: el aristócrata florentino Guglielmo Libri, más conocido como el Conde Libri (1803-1869). Matemático, historiador y bibliófilo, con solo 20 años impartía Física matemática en la Universidad de Pisa, aunque fue en Francia donde labró su carrera alcanzando posiciones de prestigio en el medio académico. Por sus elevadísimos conocimientos en bibliografía e historia, recibió una encomienda ministerial para inventariar libros y manuscritos expropiados a aristócratas y dignatarios del Antiguo Régimen durante la Revolución francesa que se hallaban dispersos en bibliotecas por todo el país.

Libri se construyó un personaje teatral para encubrir sus fechorías: hosco, solitario, envuelto en amplia capa donde camuflaba sus hurtos, exigía que durante el tiempo de trabajo nadie le molestara. De ese modo pudo entregarse al saqueo sistemático de aquel tesoro que debía custodiar. Así compendió manuscritos, cartas y libros de Galileo, Fermat, Descartes, Lorenzo el Magnífico, ediciones prínceps, códices iluminados... Una colección de delirio.

Pasaron años antes de que se empezara a vislumbrar la magnitud del latrocinio que estaba sufriendo el patrimonio a manos de este prócer. Huyó a Londres con la complicidad de su amigo Prosper Merimée (sí, el de 'Carmen'), llevándose una parte de aquellos valiosos materiales con cuya venta pudo vivir desahogadamente el resto de sus días. Todavía hoy el Estado francés intenta rescatar lo más preciado de tan salvaje desfalco.

El sabio ladrón Conde Libri está pidiendo a gritos una película. Que sería del género de aventuras, aunque no muy 'cultural' en el sentido más noble de esa palabra.

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