¡Coleccionista de esquelas!

A comienzos del siglo XX comunicar por prensa un deceso era una nota de distinción de las clases burguesas

JUAN AGUIRRE

Los periódicos de un bar que suelo frecuentar vienen muchos días recortados en las páginas de esquelas, con huecos que parecen anunciar tangiblemente que, al morir, alguien ha dejado «un gran vacío’» Preguntado sobre el particular, el patrón me explica que es coleccionista. Colecciona esquelas. Un tipo bastante peculiar, como puede deducirse.

Siendo niño uno pensaba que la palabra ‘esquela’ provenía de ‘esqueleto’, pues eso es todo cuanto queda de nosotros al morir. Luego nos enteramos de que deriva del latín ‘escheda’, que eran pequeñas tarjetas para anotar una información cualquiera. La esquela periodística tal como hoy la conocemos la inventó el ABC a comienzos del siglo XX. En aquel tiempo, comunicar por prensa un deceso se tenía por nota de distinción entre las clases burguesas y de ahí el dicho «En España, nadie muere del todo hasta que su esquela aparece en el ABC». Pero este género también ha evolucionado.

Antes, las páginas necrológicas tenían aspecto de cementerio, con anchos marcos luctuosos y grandes cruces encabezando la noticia. Hoy, un leve fileteado cierra el recuadro y los signos religiosos han ido disminuyendo en tamaño, cuando no desapareciendo o siendo sustituidos por lauburus, eguzkilores o símbolos políticos. Las esquelas con fotografía son características de la prensa española de provincias, apenas se dan fuera de aquí. Mención que me lleva a recordar a la abuela de un amigo que se indignaba cuando el difunto aparecía sonriendo en la foto: «¡Qué falta de seriedad en una situación así!».

En nuestros tiempos, las efusiones emocionales se contienen: ya no hay deudos ‘afligidos’, ‘abatidos’, ‘embargados de pena’, ‘inconsolables’... Para una adecuada identificación, bajo el nombre a veces se incluyen datos adicionales: su apodo, de quién es viuda o viudo, su empresa, club o sociedad popular. Recientemente vimos una esquela rematada con un ‘Aupa Athletic’, otra de quien se acreditaba como ‘Independentista y apóstata’ o significándose por haber ganado un premio literario. El periodista Luis Carandell recopiló filiaciones tronchantes en la España de los 60-70: ‘Castrador jubilado’, ‘Jefe de la clac del Teatro Principal’, ‘Madre política de Aldana el Policía’, ‘Asiduo lector de ABC’.

Tengo para mí que las esquelas son el epítome de la lotería del vivir, como barajas que se reparten a diario sin saber a quién le tocará mañana. Y desde el punto de vista del coleccionista, inacabable como la vida eterna. Pero el patrón del bar, cargado de sentido común, me rectifica: «Un día mi colección terminará. Será cuando se añada la última esquela». Y no tuvo que decirme más.

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